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El grounding es una técnica de anclaje que ayuda a reconectar con el aquí y el ahora. FOTO: Getty Images.
MENTE
Si los pensamientos intrusivos se adueñan de ti y notas que pierdes la calma o el sentido de la realidad, esta técnica de anclaje te ayuda a reconectar con el aquí y el ahora.
Por María Corisco
26 DE DICIEMBRE DE 2024 / 12:33
El día se ha torcido, o puede que toda la semana o el último mes, y notas que cada vez te resulta más difícil bajar tus pulsaciones, centrarte y calmar la ansiedad. Con el cerebro como una centrifugadora y tus pensamientos tomando una deriva obsesiva, sabes que necesitas una toma a tierra que te conecte con la realidad. Y eso es precisamente el grounding, una serie de estrategias que pueden ayudarte a centrarte en el momento presente.
Literalmente, grounding significa anclarse, enraizarte, pisar tierra. Es como poner los pies en el suelo, tanto físicamente como mentalmente, para aliviar esa sensación de inestabilidad que puede llegar a ser muy incapacitante. Surge, por tanto, como una respuesta a la desconexión que a menudo se siente durante momentos de estrés o trauma, y su objetivo es ayudar a recuperar el control y la calma.
Esta técnica de anclaje, señala la psicóloga Mireia Martín, “es especialmente útil para quienes experimentan ansiedad, estrés intenso, ataques de pánico o síntomas de disociación, ya que ayuda a reconectar con el aquí y el ahora, en vez de quedarse atrapado en pensamientos abrumadores o recuerdos traumáticos”. El grounding ayuda a gestionar situaciones como:
Al conectar con el cuerpo, continúa, «disminuye la activación del sistema nervioso simpático (responsable de la respuesta de lucha o huida), y activa el sistema nervioso parasimpático, que promueve la relajación. Es decir, el grounding te ayuda a bajar la velocidad, regresar al presente y retomar el control emocional cuando el estrés o las emociones te sobrepasan».
No hay un único tipo de grounding, sino diversas técnicas, que pueden ser físicas, mentales o emocionales y que comparten el poner el foco en la atención a estímulos internos o externos. Pueden ser sonidos, texturas, respiración, olores, movimientos corporales, imágenes. “Con ello se busca un punto de referencia estable, que ayuda a calmar el sistema nervioso y a recuperar el control sobre la situación”.