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¿Qué hacer cuando tu cerebro se convierte en una fuente de problemas?

 Fernando Rodríguez del Amo

Fernando Rodríguez del Amo

Psicólogo, sexólogo y terapeuta especialista en relaciones

El cerebro es un órgano maravilloso y a la vez, según la especialista Faith G. Harper, «una herramienta gilipollas diseñada para protegernos pero no para hacerlos felices». ¿Què hacer cuando eso pasa?

13 de junio de 2024 / 11:47

Los seres humanos tenemos una mente prodigiosa: podemos construir el presente utilizando lo aprendido en el pasado, diseñar el futuro elaborando estrategias para afrontarlo y encontrar soluciones creativas a los problemas antes de que sucedan. Pero esa maravillosa capacidad del cerebro de anticiparse a lo que está por suceder, de soñar despierto, a veces puede convertirse en un problema.

Todos hemos vivido alguna situación que creíamos tan negativa que no podíamos dejar de pensar ella. Esta preocupación, al producir ansiedad e insatisfacción, bloquea nuestra capacidad de actuar. Es lo que se denomina ‘parálisis por análisis’. Y la preocupación se convierte en tu problema.

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También podemos haber tenido cerca a alguna persona que al principio parece una figura protectora y tranquilizadora pero enseguida se ve su punto flaco, comienzan los consejos y los intentos para que todo cuadre según sus ideas. Entonces te sientes asfixiado con sus atenciones y empiezas a evitarla. Y, de la misma manera, su preocupación se convierte en tu problema.

Son dos situaciones que tienen a bloquearnos.

Las personas así, que tienden a preocuparse en exceso, suelen ser inseguras y con tendencia a la duda. Pueden ser exigentes consigo mismas y con los demás. Su pensamiento es rígido y su diálogo está salpicado de términos como «debería», «tengo que» o «sí, pero». Les cuesta relajarse hasta cuando sonríen. Confían poco en que podrán obtener lo que desean. Y, sobre todo, les cuesta cambiar.

El cerebro ‘gilipollas’ y sus trampas mentales

La doctora Faith G. Harper, especialista en trauma, es autora de Calma tu puta cabeza, un libro de autoayuda que ha seducido a cinco millones de lectores. Su mantra es: «El cerebro es gilipollas y no te ayuda una mierda, porque está diseñado más para protegerte que para hacerte feliz? Eso hace que, a menudo, el cerebro cree trampas para convertir esta capacidad previsora de la mente en una fuente de angustia personal y de asfixia en las relaciones. Estas son las tres principales:

  1. La trampa del control. Consiste en querer tener todo planificado para controlar el futuro. Estas personas necesitan supervisar a sus hijos o a su pareja, y para ello no dudan en crear inseguridad entre sus allegados. Esta ilusión de control se convierte en el camino hacia el descontrol y la crisis. Muchas compulsiones tienen este origen.
  2. La trampa del conocimiento. Muchas personas, cuando se sienten indefensas, intentan acumular conocimiento sobre sus sentimientos pero se muestran incapaces de mostrar su dolor. Por ejemplo, un marido que descubre que su mujer coquetea con otros hombres, le pide explicaciones sobre su conducta, pero es incapaz de mostrar su dolor. Y esa actitud le produce aún más dolor, porque el corazón tiene razones que la razón no entiende.
  3.  La trampa de la perfección. Las personas perfeccionistas quieren que las cosas se hagan como se deben hacer, y esto tiene que coincidir con su forma de ver el mundo. En su rigidez abriga la pretensión de que los demás se ajusten a su postura. Esto produce tensión y problemas en las relaciones.

Llevadas a extremos, estas trampas llevan a conductas patológicas como el TOC, la hipocondría o las fobias.

Cuatro estrategias para escapar de los problemas

La preocupación es un problema de ansiedad. Quien lo sufre necesita ser más flexible y estar dispuesto a hablar de sus sentimientos con los demás. Para conseguirlo, prueba con estas cuatro estrategias:

  1. Cambia el lenguaje. En vez de «tengo que» acostúmbrate a utilizar frases más flexibles como «no tengo que ser perfecto para estar bien» o «no tengo que gustarle a todo el mundo».
  2. Permite que algo o alguien escape de tu control. Eso te servirá para comprobar que las cosas no van tan mal. Para que el orden se mantenga se necesita cierta cantidad de desorden, es lo que se denomina ‘entropía’.
  3. Cambia de manera gradual. Piensa en lo que te preocupa pero solo en un momento determinado del día. Será tu rato de la preocupación.
  4. Cuando tengas una preocupación no luches contra ella. En vez de eso, piensa: «Este es un pensamiento irracional; mi mente miente».
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Y si nada de esto funciona, siempre puedes recurrir a la ‘respiración diez por diez’. Aspira por la nariz de manera profunda. Espira mientras pronuncias en silencio la palabra «relax». Ahora cierra los ojos. Haz diez respiraciones y en cada espiración cuenta al revés comenzando por diez. Si hay tensión, imagina que se va con cada exhalación. Cuando acabes, abre tus ojos.

 

 

Fernando Rodríguez del Amo Psicólogo clínico y sexólogo, Rodríguez del Amo es especialista en relaciones de pareja, detección de los patrones destructivos que conducen a su deterioro y coach experto en pautas, ejercicios y negociaciones para romper las barreras que bloquean la relación.

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