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MENTE
Si Karate Kid aprendía artes marciales a partir del "Dar cera, pulir cera", también puedes construir una relación de pareja sólida y duradera basándote en los principios japoneses del Shu-Ha-Ri.
Por María Corisco
3 DE OCTUBRE DE 2024 / 13:57
Todo el mundo quiere, al iniciar una relación, que la cosa funcione: que fluya la comunicación, que haya entendimiento, respeto y complicidad y, sobre todo, que según pasa el tiempo y los fuegos artificiales se van dando con cuentagotas, quede un poso de amor y pasión que mantenga vivas las ganas de seguir con esa persona. No es fácil, claro, y normalmente se intenta desde el ensayo-error. Pero los japoneses han adaptado un concepto, el Shu-Ha-Ri, como marco para trabajar desde la base las relaciones de pareja.
Su origen proviene de las tradiciones del budo, las artes marciales tradicionales de Japón. Y, de forma resumida, la idea es aprender bien las reglas (Shu), adaptarlas y personalizarlas (Ha) y, finalmente, actuar de forma intuitiva y natural (Ri). Es decir, partir del “dar cera, pulir cera”, sin cuestionarte nada más allá de lo que debes hacer, para progresivamente ir haciendo tuyas las enseñanzas.
¿Y cómo se lleva eso al terreno del amor? Ana Domínguez, psicóloga especializada en relaciones de pareja, apunta que “es muy poco probable que dos personas, al conocerse, expongan de una forma tan precisa qué pasos van a ir dando en su relación. No obstante, el Shu-Ha-Ri sí puede ser una guía para entender que las relaciones evolucionan y que, en esta evolución, los cimientos son esenciales”.
Es el momento de poner sobre la mesa aquellos principios irrenunciables que han de estar presentes en la relación. “El respeto mutuo parece evidente, pero también hay básicos que pueden ser esenciales para unas personas y no para otras. ¿Qué se entiende por compromiso? ¿Qué opciones hay de abrir la pareja? ¿Cómo gestionar los tiempos de cada cuál? ¿La sinceridad implica contárselo todo? ¿Qué parcelas de intimidad se reserva cada miembro para sí?”
Una vez que los cimientos están puestos, “la idea es dejar un margen a la flexibilidad, adaptar las reglas a las necesidades que van surgiendo a medida que avanza la relación y aparecen nuevos desafíos. Es ver lo que realmente funciona para cada uno de ellos, pero sin transgredir los acuerdos básicos”.
En la última fase, la pareja ha conseguido internalizar no sólo esos cimientos iniciales, sino también las sucesivas adaptaciones que se han ido haciendo con el paso del tiempo. “De esta forma, todo fluye con naturalidad, de forma intuitiva, sin esfuerzo. Es mucho más fácil anticiparse a los deseos y necesidades del otro, haciendo que la vida en común sea más satisfactoria y plena”.
Aunque, visto así, pueda parecer un organigrama con poco margen para la improvisación, “en realidad sería todo lo contrario: partir de una base segura y estructurada (Shu), que nos hace avanzar sin miedo ni dudas, para ir flexibilizando y personalizando la relación (Ha) hasta llegar a una conexión intuitiva y fácil”.