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Las reuniones con amigos y familia son un momento de ansiedad para los que se dan atracones./ Foto: Dolce & Gabbana.

ALIMENTACIÓN

Cómo distinguir un atracón de un trastorno de alimentación: detecta cuándo necesitas ayuda

Hay ciertas ocasiones que se prestan a todo tipo de excesos con la comida. Pero un atracón, a veces, encierra un trastorno ante al que hay estar alerta. ¿Qué puedes hacer para identificarlo y evitarlo?

Por María Corisco

8 de enero de 2024 / 14:37

Ante una mesa bien repleta de todo tipo de delicias y tentaciones, no es difícil sucumbir y mandar a la porra cualquier propósito de moderación. Pero comer demasiado puede ser algo más que un arranque pasajero de gula y placer. En ocasiones, los atracones esconden un trastorno alimentario de mayor gravedad y ciertas fechas señaladas como las Navidades, cumpleaños y bodas y eventos similares, no suelen ser momentos fáciles para quienes lo sufren.

Distinguir la línea donde acaba un atracón normal y empieza uno patológico no siempre es fácil, y por eso es importante estar alerta a diferentes señales que pueden indicar que se sobrepasa esa raya, explica la doctora Montse Sánchez Povedano, directora fundadora de Eãtica, centro especializado en la superación de los trastornos de conducta alimentaria (TCA). “Hay que tener en cuenta que la comida forma parte del día a día y que, además, tiene una connotación de celebración, de acompañamiento. Se come mucho en las celebraciones, sean alegres o tristes. Al final, la comida es un acto que sirve para reunir a las personas y hacer juntos un ritual”.

Un ritual que, además, suele asociarse a diferentes estados emocionales, desde la alegría a la tristeza o ansiedad. Con ello, el acto de comer se expande mucho más allá de la necesidad fisiológica de alimentarse, y surgen escenarios donde es fácil que se pueda cruzar la línea hacia el atracón patológico.

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Señales de alerta de un atracón patológico

Hay ciertas señales y síntomas que pueden ayudar a saber si los atracones pasan de castaño a oscuro:

  • Frecuencia: “Todos podemos tener un día en el que comamos mucho más de lo que habíamos pensado, incluso sin hambre, sólo porque estemos en una situación -anímica o social- que lo favorezca. Eso no es patológico”, explica la especialista.
  • Dependencia: otra cuestión es si ves que necesitas empezar o acabar con comida “cualquier situación que te genera estrés. Ya no es esporádico, sino que genera una dependencia similar a la de una droga”. Es lo que se conoce como hambre emocional.
  • Vergüenza: la comida es un acto social. “Cuando la persona tiene la necesidad de esconderse para comer en exceso porque lo ve sucio, vergonzoso, empieza a rozar la línea de lo patológico. Lo normal del atracón es que sea una conducta solitaria en la que aparece la vergüenza. Todos podemos comer demasiado en un momento dado y tener sentimientos de culpa por habernos pasado, pero si después se tiene un malestar emocional que te hace sentir sucio, se está ha pasado la raya”.
  • Prioridad: otro aspecto que también divide la línea entre el atracón normal y el patológico es cuando comer se convierte en prioritario, por encima incluso de otras obligaciones. “No es sólo el deseo o el ansia de comer, sino la imposibilidad de dejarlo aunque tengas que hacer algo de manera imperiosa”.
  • Sin placer: en el atracón patológico no entra en juego el paladar, no se pone en valor el placer. “Mientras que todos podemos salivar ante la visión de la mesa de Nochebuena, y disfrutar de nuestros platos favoritos, cuando hay un trastorno lo que se busca es la saciedad. Hartarse, llenarse, comer mucho de cualquier cosa. El restablecimiento emocional viene por la sensación de saciedad total, aunque después la culpa y la vergüenza harán que vuelva el malestar».

Los eventos, un desafío

Las personas con trastornos de la conducta alimentaria, continúa la doctora Sánchez Povedano, “suelen preferir comer solas, no les agrada comer con gente. La comida se acompaña de vergüenza, y tienen miedo de que las vean perder el control”.

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En este contexto, por ejemplo, las Navidades o las bodas, con su carga social y familiar intrínseca, suelen ser un desafío. “Si tienes un TCA, lo habitual es que pienses que todos van a evaluar cómo y cuánto comes, y eso aumenta la ansiedad. Los familiares que no te ven muy a menudo hacen comentarios sobre tu físico y te expones mucho más a la mirada y al juicio social”.

Además, en estos momentos se pone sobre la mesa una amplia variedad de comidas más calóricas. Los pacientes quieren controlar, tienen esa intención, pero “con ese despliegue de platos, con todo el picoteo y las sobremesas tan largas, se complica mucho el acto de controlar. Hay que tener en cuenta que estos trastornos giran sobre el control, y éste es más fácil de conseguir cuando solo hay un plato, no un montón de ellos”.

¿Qué se puede hacer?

  • Si no tienes un TCA y te preocupa darte un atracón, plantéate disfrutar de los eventos especiales, aunque suponga que comas de más. “Es preferible no poner de antemano una idea de restricción, porque entonces es más fácil que te descontroles aún más. Intenta no sentirte culpable, porque obsesionarte con si comes de más o de menos no te va a ayudar y te generará más ansiedad”.
  • Si ya flirteas con un TCA, “es conveniente que te ayudes de estrategias de control ambiental. Por ejemplo, dado que el picoteo es peligroso, puedes elegir un poquito de todo lo que te gusta -sin restringir ningún alimento, pues eso dispara aún más el deseo- y ponértelo en tu plato. Así pruebas de todo, pero controlas la situación”.
  • Para los familiares y allegados, si en nuestra mesa hay una persona sensible a estos temas, “se deben evitar comentarios sobre el aspecto físico. Mejor hablar de planes, de los estudios o aficiones, que no fomentar si se está más o menos guapa o cómo te queda el vestido”.
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