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NO TE PIERDAS Maletas hechas, cabeza cargada: por qué no puedes irte de vacaciones de ti mismo

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Hay siete velos principales que condicionan nuestra percepción y comportamiento cuando queremos desconectar. Entenderlos es el primer paso para desactivarlos. FOTO: Airam Dato-on (Pexels).

Los velos de la mente

Maletas hechas, cabeza cargada: por qué no puedes irte de vacaciones de ti mismo

Por mucho que viajes al paraíso, la mente siempre va en tu equipaje de mano. Soltar lastre no es una opción, es una necesidad.

Por Paka Díaz

5 DE AGOSTO DE 2026 / 07:30

Las vacaciones prometen descanso, desconexión y una versión más ligera de nosotros mismos. Sin embargo, hay algo que nunca desconecta del todo en nuestra mente. Cambiamos de paisaje, pero no cambiamos de pensamientos. Y ahí reside parte del problema. «Como la mente siempre va con nosotros, si la mente no está bien, donde quiera que estemos seremos siervos de nuestra mente», advierte el maestro de yoga y divulgador Ramiro Calle, pionero en la enseñanza de esta disciplina en España y autor de Una buena mente (Integral RBA).

Según Calle, considerado uno de los más grandes escritores orientalistas europeos, nuestra experiencia de la realidad está mediada por lo que denomina velos de la mente o muselinas mentales. Se trata, explica, de filtros que distorsionan lo que percibimos y nos empujan a reaccionar de forma automática, exagerada o innecesaria.

Todo lo contrario de las estrategias para aprender a concentrarnos que el escritor enseña. En vacaciones, cuando se supone que deberíamos soltar tensiones, estos velos pueden hacerse incluso más evidentes.

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Pensar sin parar, la raíz del problema

«Está en la naturaleza de la mente pensar, como en la del fuego quemar», explica Calle. Pero el conflicto no es pensar, sino no saber cuándo parar. En lugar de habitar el momento, ya sea una comida frente al mar o una caminata por la montaña, la mente salta al pasado o al futuro, revive conflictos o anticipa problemas. El resultado: seguimos atrapados en la misma maraña mental, aunque estemos en el paraíso.

Paradójicamente, el tiempo libre puede amplificar estos velos. Sin las distracciones del día a día, la mente tiene más espacio para divagar. Además, las expectativas elevadas, la típica idea que te repites de que deberías estar feliz, te genera más presión, ya que el contraste entre lo esperado y lo real activa frustración, comparación y autocrítica. Es entonces cuando los velos se vuelven más visibles.

Cómo quitar los velos

Ramiro Calle propone herramientas sencillas pero profundas para entrenar la mente. La primera es «realizar una meditación diaria, ya que esta práctica asidua es fundamental», asegura Calle. No se trata de dejar la mente en blanco, sino de observarla sin identificarse con ella. Además, hay que practicar la atención consciente en lo que se hace, ya sea comer, caminar o conversar. «Cuando hay que vivir, vive», resume.

También hay que ejercitar la autovigilancia. Es decir, observar pensamientos y reacciones sin juzgar, pero con intención de corregirlos. Aceptar tanto lo agradable como lo incómodo sin caer en extremos emocionales y simplificar. Para ello, toca reducir estímulos, expectativas y exigencias. «Cuanto menos ruido mental, más claridad», apunta. Liberarse de los velos no significa eliminar pensamientos o emociones, sino aprender a relacionarse con ellos de forma más consciente, para dejar de ser esclavos de nuestra propia mente.

Los 7 velos de la mente

Calle identifica siete velos principales que condicionan nuestra percepción y comportamiento. Entenderlos es el primer paso para desactivarlos.

  1. El egocentrismo. Este es, según el experto, «el velo más activo hoy». Se manifiesta como una necesidad constante de reconocimiento, comparación y protagonismo. En vacaciones, puede traducirse en obsesión por las redes sociales o frustración si la experiencia no cumple expectativas idealizadas. Los síntomas son necesidad de validación e irritación si algo no sale perfecto. Para gestionarlo, hay que practicar la humildad y el desapego del resultado.
  2. La memoria. No toda memoria es útil, subraya Calle. Y añade que «no sirve de nada autorecriminarnos o culpabilizarnos» al respecto. Lo importante es comprender que aferrarse al pasado puede sabotear tu presente. Si estás en este velo, notarás pensamientos recurrentes de culpa o nostalgia. Para afrontarlo, toca aprender del pasado sin quedarte atrapado en él.
  3. La imaginación descontrolada. Esta puede ser creativa, pero también destructiva. Anticipar problemas o recrear escenarios negativos genera ansiedad innecesaria. Si te ocurre, notas una anticipación constante de situaciones negativas. Para evitarlo, puedes dirigir la imaginación hacia la creatividad o el bienestar.
  4. La interpretación automática. Vivimos interpretándolo todo: miradas, silencios, mensajes. Pero muchas veces proyectamos más de lo que realmente ocurre. «No vemos lo que es, sino lo que queremos o tememos ver», explica Calle. En ella se tiende a tener malentendidos frecuentes y a hacer suposiciones sin evidencia. Como antídoto, se debe cuestionar pensamientos y buscar claridad antes de reaccionar.
  5. La reactividad emocional. Se trata del impulso de responder sin reflexionar. En vacaciones, esto puede estallar en discusiones por detalles mínimos. Para gestionarlo hay que concentrarse en «atención y ecuanimidad», insiste el maestro. Además, recomienda hacer una pausa antes de reaccionar. Y usar otras dos herramientas, «el sosiego y la lucidez».
  6. La avidez o el apego. Otro de los velos más frecuentes en nuestra sociedad, según Calle, consiste en el deseo constante de más, ya sea experiencias, placer o validación. Pero ojo, este impulso genera insatisfacción permanente. «Estamos atrapados en el circuito cerrado del apego y la aversión. El apego causa dependencia, adicción, aferramiento y esclavitud. La aversión crea rechazo, odio, rabia y rencor, además de frustración», afirma. Quien lo siente nota una incapacidad hasta para disfrutar lo que ya se tiene. Para evitarlo, lo más recomendable es cultivar la gratitud y la moderación. «Hay que ir modificando, con el trabajo sobre uno mismo, las actitudes mentales, las reacciones desmesuradas», sugiere. Además, conviene practicar el desapego como enseña el maestro.
  7. La aversión. El rechazo a lo que no nos gusta. Puede parecer lo opuesto al apego, pero ambos forman un mismo circuito emocional. Con la aversión sientes una irritabilidad constante y un rechazo intenso y generalizado. Para salir de este velo, hay que aceptar lo que no se puede controlar, la incertidumbre.

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