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¿Cuáles son los instintos que nos empujan hacia una persona?/ Foto: Sexo en Nueva York.
CUERPO
Detrás de la atracción hacia una posible pareja no sólo hay rasgos y actitudes visibles. También, de forma inconsciente nos sentimos atraídos por aspectos que no vemos. ¿Juegan aquí un papel las feromonas?
Por María Corisco
5 DE ABRIL DE 2024 / 13:00
Si te preguntan qué te atrajo a primera vista de las parejas que has tenido, es posible que contestes que su mirada, su sonrisa o su forma de hablar. Tal vez seas más carnal y destaques sus bíceps o su magnetismo sexual. Y es en este punto en el que confluyen un sinfín de teorías, hipótesis y elucubraciones que tratan de averiguar de dónde emana la atracción que nos acerca irremediablemente a la otra persona.
Muchas de estas investigaciones se han centrado en lo que no vemos de forma consciente, pero sí somos capaces instintivamente de percibir. Es el caso de las feromonas, esa especie de halo sexual que supuestamente emana de algunas personas y te atrae de forma irresistible.
La ciencia explica que las feromonas son unas sustancias químicas que se encuentran en muchas especies animales y que desempeñan un papel en la comunicación química entre individuos de la misma especie.
Primates, abejas, polillas… ¿Y los humanos? Pues la verdad es que no está del todo claro que existan feromonas humanas específicas, ni cuál sería su función. ¿De dónde viene, entonces, ese interés por comercializar colonias, desodorantes y potingues cargados de feromonas que supuestamente actuarían como reclamo sexual infalible?
Tristram Wyatt, biólogo investigador en la Universidad de Oxford, es un estudioso de este campo y su libro Pheromones and Animal Behaviour ganó el premio al mejor Texto de Postgrado de la Royal Society of Biology. Y a él se debe una explicación de cómo surgió el “mito” de las feromonas humanas.
Según explica, todo nació en el seno de una conferencia celebrada en 1991, en la que se incluyó un breve artículo sobre el efecto de las supuestas feromonas. La conferencia, explica Wyatt, “estaba patrocinada por una corporación estadounidense, EROX, que tenía interés en patentar la androstadiona y el estratetraenol, dos hormonas esteroides, como feromonas humanas”. Unos años después, una científica influyente, Martha McClintock, respaldó este estudio y “dio respetabilidad al mito. Como las moléculas se pueden comprar fácilmente, cualquier laboratorio podría trabajar en el atractivo tema de las feromonas humanas”.
A partir de ahí, surgieron infinidad de estudios y se popularizó la fama de las feromonas. La idea de elegir pareja por el olfato, escribe Wyatt, “ha dado lugar a las llamadas "fiestas de feromonas", en las que los participantes huelen las camisetas que llevan otros asistentes a la fiesta. Sin embargo, estas fiestas están mal nombradas: se trata de olores individuales y de una posible compatibilidad genética, no de moléculas de feromonas idénticas en todos los hombres o en todas las mujeres”.
Todas las personas emiten moléculas que les confieren un característico olor individual, y puede que este olor resulte más o menos atractivo, pero no son feromonas. Y, aunque este olor pueda influir en a quién eliges como pareja, para que una sustancia pueda considerarse “feromona” debería funcionar de forma idéntica para toda la especie. Es lo que sucede con la única feromona humana que se ha descrito: “La secreción del pezón de una madre va a estimular la succión de cualquier bebé, no sólo del suyo, por lo que es probable que sea una señal de feromonas para toda la especie”.
La ciencia ha dibujado una especie de curva del bienestar para responder a una pregunta difícil: cuándo empieza de verdad el efecto reparador de alejarse de la rutina