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Da igual lo que haya hecho: te cae mal / Fotograma de Mujeres desesperadas.
MENTE
No han pasado más que unos segundos y ya sientes rechazo hacia esa persona. Las primeras impresiones son muy potentes y contienen ciertos factores que lo justifican.
Por María Corisco
19 DE MARZO DE 2024 / 13:30
Podemos llamarlo intuición, sexto sentido o vibraciones, pero no hay duda de que, igual que algunas personas te resultan agradables desde el primer momento, otras te caen fatal a simple vista. No hace falta siquiera que hagan o digan nada inconveniente; basta con echarles un ojo y pasar con ellas unos minutos para que tus tripas te lancen un mensaje de rechazo. No es justo, claro. Es lo que tienen las primeras impresiones, que no obedecen a criterios de justicia o tolerancia, pero son tremendamente poderosas.
Bert Decker, experto en comunicación y autor del libro You’ve Got to Be Believed to Be Heard (Tienes que ser creíble para que te escuchen), ya avisó de que bastan apenas unos segundos para causar una buena (o mala) impresión en el otro. “Cuando alguien nos conoce o nos ve por primera vez, sus sentidos (principalmente los ojos) captan tantas señales a nivel inconsciente en los primeros tres segundos, incluso antes de abrir la boca y empezar a hablar, que es difícil deshacerse de ellas”, apunta.
Son muchos los autores que han llevado a cabo investigaciones psicológicas y sociales sobre el poder de las primeras impresiones. Entre ellos, Malcolm Gladwell argumenta que, “pese a haberse formado en cuestión de segundos o fracciones de segundos, a menudo son precisas y significativas, incluso si no somos capaces de entender racionalmente por qué sentimos algo acerca de una persona”.
La idea es que tenemos un proceso de pensamiento rápido e inconsciente, una inteligencia intuitiva que reside en nuestro cerebro. En su libro “Blink”, Gladwell señala que este proceso “actúa a su voluntad de manera subconsciente, y nos permite filtrar enormes cantidades de información, combinar datos, aislar detalles reveladores y llegar a conclusiones sorprendentemente rápidas en apenas unos segundos”. Por ejemplo, que alguien no es de fiar.
En el ámbito de la psicología se conoce de manera científica este proceso como Thin Slicing (“corte fino”). Se trata de un término acuñado en 1992 por la psicóloga social Nalini Ambady y el profesor Robert Rosenthal, con el que se refieren a “a los juicios breves y rápidos que provienen de las pequeñas cantidades mínimas de información” que percibimos de la imagen de la persona que tenemos enfrente.
No obstante, los investigadores también advierten de que, aunque las primeras impresiones a veces son muy difíciles de borrar, también pueden cambiar con el tiempo a medida que obtenemos más información sobre una persona y desarrollamos una relación más profunda con ellos.
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