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Mujer de más de 40 años brindando con copa de vino

La edad y laos cambios hormonales hacen que el alcohol se metabolice peor a partir de los 40. Foto: SJP Invivo Vino

Menopausia

Por qué metabolizas peor el alcohol a partir de los 40: cuidado con esa copa de vino de más

La edad y la influencia de los cambios hormonales son los responsables de que, a partir de los 40, empieces a metabolizar peor el alcohol.

Por Cristina Martín Frutos

15 de junio de 2024 / 08:30

Algo pasa con el consumo de alcohol que forma parte de nuestras vidas. Por costumbre. Cultura. Arraigo social. Lo cierto es que, quien más quien menos, suele completar el aperitivo con una cerveza. O la cena con una ‘copita’ de vino. Al menos los fines de semana. Sin embargo, los datos son reveladores. Según el Ministerio de Sanidad, las bebidas alcohólicas son el cuarto factor de riesgo de pérdida de salud en nuestro país. En concreto, para las mujeres, ocupan la segunda posición. No es de extrañar cuando, según todos los expertos en salud hormonal, una de las claves para mantenerse saludable, especialmente a partir de la premenopausia, es beber la menor cantidad posible. Por un lado, tiene que ver con metabolizar peor el alcohol.

La nutricionista Marta Marcè, divulgadora experta en menopausia, reconoce que la tolerancia al alcohol empeora con los años. «Efectivamente, en primer lugar, nos encontramos con una cuestión de edad, que afecta tanto a hombres como mujeres».

Marcè se refiere a la disminución de actividad de la enzima alcohol-deshidrogenesa que se encuentra en el hígado y el estómago. «Cuanto mayor somos, tenemos menor capacidad metabólica y menor cantidad de enzimas, por tanto, se descompone peor el alcohol, quedándose en sus formas más tóxicas», explica.

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Además, según pasa el tiempo, perdemos agua (hasta el 57% en el caso de las mujeres), algo que influye en que tomarse una sola copa acabe en una buena resaca.

Más sofocos y menos descanso

Por otro lado, el hecho de metabolizar peor el alcohol tiene una influencia directa en la salud. Especialmente a partir de la perimenopausia.

Para empezar, las bebidas alcohólicas aumentan los niveles de cortisol, la hormona del estrés. «El resultado es que se convierte en un gran gatillo hacia muchos síntomas, desde el incremento de sofocos a dificultades para conciliar el sueño, despertares, niebla mental…», expone la experta.

Otro aspecto destacable, según Marcè, es que aumenta la cantidad de estrógenos circulantes en sangre. En perimenopausia puede darse una situación que se llama hiperestrogenia relativa y que consiste en que la progesterona baja mucho más rápido que el estrógeno, dejando que este domine.

«Por eso se pueden producir sangrados fuertes, dolor de pecho, ciclos más cortos…», detalla. Si se amplía ese desequilibrio, por ejemplo, al tomar unas copas, aumentará de forma paralela la sintomatología.

Por último, Marta Marcè destaca el incremento de temperatura que produce de por sí el alcohol, «otro desencadenante directo de síntomas vasomotores como los sofocos o sudores nocturnos».

De hecho, la experta invita a las mujeres a comprobar su reloj o anillo inteligente al día siguiente de haber tomado alguna copa -vino, cerveza o lo que sea-, «verán más pulsaciones, más despertares, menos horas de sueño…».

Una cuestión de salud global

Si bien, durante la perimenopausia y menopausia, el alcohol tiene efectos especialmente negativos, cada vez existe mayor consenso médico en torno a que deberíamos desterrarlo de nuestra dieta.

«En la mujer, por ejemplo, incrementa más el riesgo de cáncer de mama que el propio estrógeno», zanja la doctora Natalia Gennaro, fundadora y directora de la Primera Unidad de Alta Resolución Diagnóstica y Cirugía Robótica de Precisión en Suelo Pélvico en Hospital HLA Universitario Moncloa, perteneciente al grupo ASISA.

A la ginecóloga, de hecho, le resulta llamativo que muchas de sus pacientes «tengan miedo a la terapia hormonal, pero no al alcohol o al tabaco», subraya.

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Más datos. Un estudio publicado por la prestigiosa revista médica The Lancet determina que en 2019 se produjeron más de dos millones de muertes relacionadas con el consumo de este tipo de bebidas. El mismo informe señalaba que hasta las cantidades más pequeñas elevan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares (no olvidemos que son la primera causa de muerte en mujeres), digestivas e infecciosas. Asimismo, la Comisión Europea incluyó, en 2022, las bebidas alcohólicas en los productos con alto riesgo de producir cáncer.

Metabolizar peor el alcohol, un motivo más para dejarlo en menopausia

Ante este panorama, los expertos, especialmente los relacionados con la salud hormonal femenina insisten en evitar a toda costa el alcohol. Marta Marcè recuerda que algo tan «común» como tomarse una copa de vino o una cerveza a diario se considera ya una «toma crónica habitual».

En su opinión, «lo idóneo sería reducir la ingesta a las celebraciones especiales». Y añade que «se debería huir del consumo por necesidad (esa idea de «necesito una copa para relajarme») y de la copita diaria de vino. Es de las cosas que menos bien nos va hacer en esta etapa«, concluye.

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