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El término atrofia vaginal ya no es correcto científicamente hablando./ Imagen: Pexels.

SALUD HORMONAL

Por qué está mal hablar de atrofia vaginal en la menopausia (y cómo se llama eso que te pasa)  

Por si no teníamos bastante con sufrir estos síntomas asociados a la menopausia, hablar de atrofia vaginal no sólo es humillante, sino también impreciso desde el punto de vista clínico.

Por María Corisco

4 de octubre de 2023 / 19:10

¿Qué te viene a la mente cuando oyes la palabra «atrofia»? Seguramente, la idea de algo que se hace inútil, incapaz, que ya no funciona. Aunque en términos médicos la atrofia habla de pérdida de actividad funcional, en el lenguaje de la calle algo atrofiado se asimila a algo inservible. Pero tener la menopausia, y que con ella se modifiquen y alteren nuestros genitales -con las molestias que esto puede acarrear- no significa que a nuestra vulva y nuestra vagina se les haya pasado definitivamente el arroz. Por eso, la comunidad médica ha buscado un término más preciso y que evite la ‘humillación’ de seguir hablando de atrofia vaginal.


No es cuestión de que seamos tiquismiquis, sino que hay una justificación clínica. Así lo vieron en 2014 los expertos de la Junta Directiva de la Sociedad Internacional para el Estudio de la Salud Sexual de la Mujer y la Junta Directiva de la Sociedad Norteamericana. Reconocieron la necesidad de revisar la terminología asociada con los síntomas del tracto genitourinario relacionados con la menopausia. En su documento de consenso, vieron que hablar de atrofia vulvovaginal “no describe con precisión los síntomas, ni es un término que resuene bien entre las pacientes”.

Síntomas más allá de la atrofia

Después de revisar la ciencia clínica y básica, las opciones de diagnóstico y terapia, y las percepciones del público, el panel de consenso concluyó unánimemente que los términos «atrofia vulvovaginal» y «vaginitis atrófica» no son adecuados para referirse a la constelación de signos y síntomas que afectan el sistema genitourinario después de la menopausia. Específicamente, señalaron que la atrofia vulvovaginal “menciona únicamente la vulva y la vagina, palabras que no se usan cómodamente en el debate social general y en los medios de comunicación, y el término atrofia tiene connotaciones negativas para muchas mujeres. Además, el término no incluye el tracto urinario inferior y describe la apariencia de las estructuras vaginales, en lugar de lo que es clínicamente más importante: los síntomas genitourinarios relacionados”.

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A partir de ahí, el término propuesto es síndrome genitourinario de la menopausia (GSM, por sus siglas en inglés). En la discusión médica, se definió este síntoma como un conjunto de síntomas y signos asociados con una disminución de los estrógenos y otros esteroides sexuales que implican cambios en los labios mayores/menores, el clítoris, el vestíbulo/introito, la vagina, la uretra y la vejiga”.

El síndrome puede incluir, entre otros:

  • Síntomas genitales de sequedad, ardor e irritación.
  • Síntomas sexuales de falta de lubricación, malestar o dolor y deterioro de la función.
  • Síntomas urinarios de urgencia, disuria e infecciones recurrentes del tracto urinario.
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Este cambio en la terminología favorece que se amplíe el foco. Se va más allá de la vagina y de la vulva, se trata de tener en cuenta otras partes del cuerpo de la mujer afectadas por el descenso de los estrógenos, como la uretra y la vejiga. Hablar de atrofia vaginal oscurece una realidad, la de que problemas como la incontinencia, las infecciones del tracto urinario o el aumento de la frecuencia de micción pueden también estar relacionados con la menopausia, y que el tratamiento con estrógenos pueden ser de utilidad para estos síntomas.

Mejorar la comunicación

Se trata, también, de ser capaces de hablar de todo esto en la consulta. La encuesta Real Women’s Views of Treatment Options for Menopausal Vaginal Changes (REVIVE) revela que solo el 19% de los profesionales de la salud, abordaron la vida sexual de las mujeres posmenopáusicas, y solo el 13% planteó específicamente la cuestión de los síntomas genitourinarios, a pesar de que el 40% de las mujeres esperaba que su médico le preguntara por estos síntomas.

En este aspecto, también influye la creencia de que, a partir de determinada edad, las mujeres ya dan carpetazo a su vida sexual. Como señala el documento de consenso, “la evidencia sugiere que las actitudes sociales negativas sobre la sexualidad de las mujeres a edades más avanzadas pueden limitar la discusión sobre sexo tanto por parte del paciente como del médico, particularmente si éste es más joven u hombre”. Pero el Proyecto Nacional de Vida Social, Salud y Envejecimiento, que entrevistó a 3.000 hombres y mujeres de 57 a 85 años de edad, revela que la mayoría de los entrevistados señaló que mantenían relaciones íntimas y consideraban la sexualidad como una parte importante de la vida.

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