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No importa que lo lleves en los genes: está en tu mano ser fiel o no a tu pareja./ Foto: Terre Bleue.

Mente

¿Has engañado a tu pareja? Según la ciencia, llevas la infidelidad en los genes

Las personas portadoras de ciertos alelos del gen DRD4 son más proclives a engañar a sus parejas. Pero es sólo una mayor predisposición a la infidelidad, no una obligación.

Por Marcos López

11 de abril de 2024 / 13:30

Los seres humanos somos el resultado de la suma de nuestros genes. Como ocurre con todos los seres vivos, nuestro genoma recoge la información que define no sólo nuestros rasgos físicos, como serían la estatura y el color de ojos o cabello, sino también muchas de las características de nuestra personalidad. Así, y en función de su ADN, una persona podrá ser más alegre, o más introvertida, o más iracunda. Y, sorprendentemente y con independencia de que mantenga o no una relación, más o menos promiscua. Así que si le has sido infiel a tu pareja, siempre puedes echarle la culpa a tus genes.

Concretamente, los estudios muestran que el comportamiento infiel es en gran parte hereditario. Pero como destaca Lara Ferreiro psicóloga especializada en adicción emocional, autoestima y pareja, «la relación entre la genética y la infidelidad no implica justificación automática, ya que los seres humanos tenemos la capacidad de tomar decisiones y la responsabilidad de nuestras acciones».

No son sólo tus genes: también es el «ambiente»

En realidad, no se trata sólo de una cuestión genética: además de por sus genes, la personalidad –y características físicas– de una persona también está condicionada, y en gran medida, por su interacción con el entorno o «ambiente», caso de las condiciones climáticas o de la educación recibida.

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Por ejemplo, una persona no alcanzará la estatura máxima que establece su ADN si no se alimenta adecuadamente durante su infancia. O como muestra la Universidad de Athabasca, la tristeza es más común en caso de vivir en una zona fría y lluviosa que en una soleada y cálida.

Lo llevas en los genes, pero no estás obligado a ser infiel

Ocurre lo mismo con muchas enfermedades. Los genes marcan la predisposición, mayor o menor, a padecerla, pero que finalmente se desarrolle o no depende de diversos factores. Muy especialmente, del estilo de vida. En caso de predisposición a padecer una patología cardiovascular, es mucho más probable sufrir un infarto si se priorizan las comidas ricas en grasas que si se sigue una alimentación saludable. ¿Llevas la infidelidad en los genes? Está en tu mano ignorarlos o hacerles caso.

La culpa es del gen DRD4

Según investigadores del Occidental College de Los Ángeles, el 24% de las mujeres y hasta un 34% de los varones son infieles a sus parejas en algún momento de su vida. Unas cifras muy significativas que la ciencia sugiere desde hace años que cuentan con una base genética. Y de los diversos estudios que lo constatan destaca el de la Universidad de Queensland, según el cual, distintas variantes de un gen concreto, el DRD4, se encuentran detrás de los actos promiscuos del 63% de los varones y del 40% de las mujeres que cometen infidelidades.

Más «aventuras de una noche»

Es más, un trabajo de la Universidad de Binghamton concluye que existe una variante del gen DRD4 –el alelo 7R+– que hace que sus portadores sean más dados a tener «aventuras de una noche» y que la probabilidad de que engañen a sus parejas sea un 50% mayor.

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Pero, ¿qué tiene de especial este gen para empujar a su portador a la poligamia? Pues como indica Lara Ferreiro, «además de con la vasopresina, una hormona antidiurética que también influye en el comportamiento sexual, el gen DRD4 se asocia con la producción de dopamina en el cerebro, una hormona ligada al placer y la motivación para ciertas actividades».

Tu infidelidad, ¿es reactiva o espontánea?

Un último apunte: no todas las infidelidades son iguales. De hecho, apunta Lara Ferreiro, «se identifican dos tipos de infieles, siendo el primero el infiel puntual, el que comete una infidelidad impulsada por motivos específicos, por un tema emocional». Sería como un acto de promiscuidad reactivo.

Pero también puede ser absolutamente espontáneo. Y es que, concluye la experta, «el segundo tipo es el infiel crónico, quien engaña por el placer de la conquista y la satisfacción de sentirse deseado por alguien que no es su pareja». Y en esta reactividad o espontaneidad, ¿tiene algo que ver el heredar un alelo u otro del gen DRD4? Aún no se sabe.

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