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La procrastinación es la incapacidad emocional para enfrentarnos a la incomodidad

Cuanto más nos acostumbremos a procrastinar, más probable que se vuelva a repetir./ Unsplash.

MENTALIDAD

Procrastinación: ¿vaguería o un problema de gestión emocional?

Esa palabra que se nos atraviesa y que nos recuerda constantemente aquello a lo que no queremos enfrentarnos. Te contamos de dónde viene y cómo puedes identificar si estás cayendo en la procrastinación.

Por Mónica Heras

21 de junio de 2022 / 09:33

Cuando no somos capaces de cumplir con los plazos, cuando postergamos hasta el límite nuestras obligaciones, cuando evitamos enfrentarnos a todo aquellos que nos incomoda, en todos estos momentos nos convertimos en expertos de la procrastinación, esa conducta que todos, alguna vez, hemos llevado a cabo y que algunos la han convertido en su modo de vivir.

Para entender mejor cómo funciona nuestra mente, hemos acudido al psicólogo Carlos Sánchez Polo, especializado en Terapia Cognitivo-Conductual en población Infanto-juvenil y parte del equipo del Instituto Psicológico Claritas. 

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¿Qué es la procrastinación?

Carlos Sánchez Polo la define como la acción de no atender y ejecutar lo que tenemos que realizar, sustituyendo dicha tarea por una conducta que requiera menos esfuerzo.

Aunque en realidad, deberíamos preguntarnos qué función cumple la procrastinación en cada individuo, puesto que la psicoterapia tiene como finalidad entender el ‘para qué’ de una conducta.

Visto de este modo, la procrastinación es una conducta de escape. Es una estrategia de nuestra mente para no conectar con algo que nos hace sufrir. Cuanto más procrastinemos, más probabilidad de que se repita dicho comportamiento en un futuro, ya que, al realizarlo, produce un alivio inmediato. A la larga, somos conscientes de que nos hace mal, pero a corto plazo nos alivia.

El experto nos explica que funciona igual que otras conductas de escape, como por ejemplo, las drogas y la dependencia en una relación tóxica. En ambos escenarios, el individuo seguramente sepa que esas conductas no son buenas para él o ella. Sin embargo, a corto plazo, estar cerca su pareja o fumar marihuana, le permiten escapar por un tiempo del malestar más inmediato. Esto va a favorecer esa dependencia.

«La procrastinación es un problema de gestión emocional. Es un comportamiento al que recurre el individuo para lidiar con emociones desagradables.»

No eres vago, estás escapando de algo

Para los que piensan que procrastinar y hacer el vago es lo mismo, Carlos nos lo deja muy claro. «Cuando vagueamos es porque tomamos la decisión de descansar. Queremos desconectar y actuamos desde esa libertad. Cuando procrastinamos, no somos libres.»

Entender el por qué procrastinamos es muy sencillo, cambiarlo no tanto, nos dice. Imagínate una tarea de los más ardua pero que sabes que va a ser funcional y que te va a reportar beneficios a largo plazo. Pongamos, por ejemplo, ordenar el armario y sacar la ropa de verano. Sabes que tienes que hacerlo, pero te da mucha pereza. Solo de pensar en ello, te angustias y te invaden muchas preguntas: ¿Por dónde empiezo? ¿Cuánto me llevará? ¿Cómo reorganizo todo?

Esto puede empezar a generar una angustia desbordante que nos lleve a la conducta de procrastinar. De forma que lo haces. Te pones a ver a la tele y te preparas una merienda rica. Durante tres horas has conseguido olvidarte. La procrastinación ha conseguido que te alivies y te olvides de tu problema de forma inmediata. Sin embargo, al día siguiente te invade la culpa. Y de vuelta al bucle.

Eso sí, en cada individuo, este problema se manifestará de manera diferente y por motivos distintos. Puesto que es un problema de gestión emocional, sería interesante ahondar en por qué se manifiestan y expresan de esa manera dichas emociones. Quizás un miedo al fracaso, una autocrítica excesiva, un perfeccionismo desorbitado, un miedo a que nos juzguen… Es decir, a pesar de que la función de la procrastinación sea la de evadir el malestar, dicho sufrimiento es diferente en cada persona. Eso es lo que trabajaremos en terapia.

La genética de la procrastinación

Está claro que en cualquier tipo de sintomatología puede existir un componente genético. Sánchez Polo nos cuenta que en psicoterapia siempre se trabaja partiendo de un modelo biopsicosocial. Es la interacción de diferentes factores lo que lleva a la persona a ese resultado. Ellos se enfocan a la parte más psicológica y social, la cual va a interactuar con la biológica. Y de esta última se encargan los psiquiatras.

Aunque existiera un componente genético, sería una predisposición. Es decir, no se podría explicar el comportamiento de procrastinar por ese único factor. Es una tendencia, pero no una excusa para seguir procrastinado.

¿Estoy procrastinando?

Para saber si estamos teniendo este tipo de conductas, Carlos nos invita a que observemos nuestras emociones. Recordemos que procrastinar nos ayuda a gestionar la emoción a corto plazo, pero a la larga, se empiecen a acumular tareas y nos angustiamos. «Cuando la frecuencia, intensidad y duración de la ansiedad empieza a aumentar, eso será un buen indicador.»

La tristeza también puede ser una pista. Si la procrastinación está muy presente, inevitablemente no estamos consiguiendo objetivos. Nos estamos orientando nuestra vida hacia donde queremos. Por lo que, en este caso, la tristeza va a tener un papel protagonista.

«Las emociones son una brújula. Aunque no nos guste el sufrimiento, este nos informa de lo que nos está ocurriendo; de forma que, si lo razonamos bien, nos movilizará a una acción de lo más adaptativa.»

¿Soy susceptible a la procrastinación?

Carlos Sánchez nos recuerda que el problema es que es un bucle. Cuanto más nos acostumbremos a procrastinar, más probable que se vuelva a repetir, ya que la conducta es reforzada por ese alivio inmediato.

Además, como a la larga se nos van acumulando más tareas, la angustia y la tristeza puede que aumenten. Y esto se convierte en un antecedente que favorece de nuevo la procrastinación, ya que precisamente esta acción surge como estrategia para evitar y escapar del malestar. Es un círculo vicioso.

«De hecho, esto es lo que ocurre en la depresión. Como estamos tristes dejamos de hacer cosas, y, como dejamos de hacer cosas, estamos aún más tristes… ¿veis el bucle?«

Lo único que está bajo nuestro control es la conducta. Toca exponerse y tolerar ese malestar presente; siendo muy conscientes de que a larga va a ser muy potente para nosotros. No obstante, esto a veces es difícil y requiere un buen análisis y preparación previa.

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