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Las discusiones tóxicas pueden sacar lo peor de nosotros y dañar la relación./ Imagen: A marriage story.

Salud mental

Cómo aprender a discutir para dejar de tener relaciones tóxicas

Cuando nos enfadamos, es realmente fácil caer en las discusiones tóxicas que no llevan a buen puerto. Aquí, te damos las claves de experto para tener discusiones constructivas.

Por Paka Díaz

11 de noviembre de 2023 / 08:00

Hay veces, en tu pareja, con amigos, en el trabajo. etc., que por no escuchar problemas, decides evitar la confrontación. Otras, lo haces, simplemente, porque no sabes cómo parar. Una vez empiezas a discutir te sientes como un potro desbocado. Ni una cosa ni la otra es la opción correcta. En realidad, te toca aprender afrontar de forma sana los conflictos y las discusiones.

Hay que tener presente que evitar los enfrentamientos tampoco es la solución. No sólo no está bien, sino que puede convertirse en un problema mayor y deteriorar tus relaciones y hasta tu salud mental. Discutir puede ser muy beneficioso para ti, y para los demás, si sabes cómo hacerlo. La psicóloga Montse Cazcarra, autora de Amor sano, amor del bueno, nos enseña cómo afrontar los conflictos de forma sana para mejorar tu relación con otras personas.

Construir vínculos sanos

Lo primero que hay que tener en cuenta para evitar las discusiones tóxicas es que hay que generar vínculos sanos. Con tu pareja, familia, amigos e incluso en el trabajo. A partir de hacerlo, todo resulta mejor, también las discusiones.

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Experta en autoestima, relaciones seguras y bienestar, Montse Cazcarra decidió escribir Amor sano, amor del bueno, para, precisamente, ayudar a que quien lo lea pueda “aprender a construir vínculos sanos”.

El libro Amor sano, amor del bueno, de la psicóloga Montse Cazcarra.
El libro Amor sano, amor del bueno, de la psicóloga Montse Cazcarra.

Para ello, la psicóloga subraya que hay que sustentar esos vínculos sanos en “aprender a identificar nuestras necesidades emocionales y a ver las de nuestra pareja para poder ir un paso más allá, explorar los mundos emocionales de una y otra parte, y poder ofrecernos una relación de esas que son refugio”.

Para lograrlo hay una serie de capacidades que hay que trabajar, como la sensibilidad, empatía, disponibilidad o coherencia. Ese sendero conduce a la seguridad emocional. Un estado que la experta considera “crucial” para nuestro bienestar.

Afrontar los conflictos

Evitar los enfrentamientos siempre nos puede acarrear consecuencias no deseadas. Montse Cazcarra puntualiza que ella prefiere usar la palabra conflicto, que “es más general y que, a la vez, incluye los conflictos resueltos de forma sana y constructiva”.

Aunque, en caso de luchar por tu bienestar o en una situación de amenaza, evitar conflictos puede parecer acertado para huir del peligro, en general advierte que “evitar el conflicto suele ser contraproducente”.

Como explica la experta, hay que comprender que en realidad esos conflictos son una llamada de atención ante “necesidades no satisfechas, discrepancias, o situaciones que deben ser expuestas para, entre las dos partes, alcanzar un consenso”. Si no se atiende a estos reclamos, “irán a más y se acumularán e en nuestra mochila emocional. Un día, por lo que llamamos una tontería, explotaremos y sacaremos la lista de agravios empeorando la situación”.

¿Se pueden tener discusiones sanas?

En muchas ocasiones, discutir nos da miedo. No queremos acabar peleados. Aunque lo cierto es que, frente a las discusiones tóxicas, también hay discusiones sanas. Pero, ¿cómo podemos diferenciarlas? “A menudo digo que los conflictos no son necesariamente negativos, al contrario: nos permiten intercambiar opiniones y puntos de vista, y ofrecen el espacio de diálogo necesario para que nuestra pareja nos conozca mejor y viceversa”, apunta Cazcarra.

Para lograr que las discusiones sean de verdad sanas, la experta destaca que los conflictos tienen que ocurrir en un espacio seguro. O sea, “en el que, por encima de todo, abunde el respeto, y que la seguridad del vínculo se preserve a pesar de las diferencias y discrepancias”.

Justo eso es lo que puede marcar una diferencia entre un intercambio sano de opiniones (por muy diferentes que estas sean) o una bronca que puede subir de tono hasta “poner en serio riesgo la seguridad del vínculo y nuestro bienestar emocional”, advierte.

Para conseguir saber si la discusión es sana o no, la terapeuta anima a que “escuchemos qué nos sucede dentro, a nivel emocional y corporal. Que nos preguntemos con qué sensaciones nos quedamos, cuál ha sido el nivel de seguridad del vínculo durante la discusión y qué nos llevamos”.

Si tras el intercambio te quedas con la sensación de que sois un equipo y, aunque tengáis diferencias, os podéis entender, es lo que se entiende por una discusión sana. O si, por el contrario, sientes que hablar no ha servido de nada, tanto que optas por no decir nada en otra ocasión, entonces es una discusión tóxica.

Nuestra falta de conocimientos para resolver conflictos de forma sana nos puede llevar a preferir evitarlos. Pero, si aprendemos a gestionarlos de forma sana, la situación cambiaría a nuestro favor. Pero ojo, sólo “si discutimos bien”, advierte la psicóloga. En ese caso, las personas se podrán conocerse mejor “y podremos ajustar las dinámicas del vínculo para que este nos proporcione lo que necesitamos; a la vez que tratamos de que la mochila emocional no se llene.

Cómo frenar las discusiones tóxicas

Una vez se empieza una discusión, podemos temer que se nos vaya de las manos. Para que esto no ocurra, Cazarra nos da una clave esencial: anteponer el vínculo. Para frenar la discusión, recomienda “que la parte que se dé cuenta de que la situación va a más y a peor, frene la escalada. Seguramente, llegados a ese punto, tenga mucho que decir. Será importante que pueda anteponer la seguridad del vínculo por delante del, por ejemplo, tener la razón”.

Eso no significa, matiza, que “el conflicto termine aquí y la situación quede sin resolver”, sino que las personas en conflicto se dan espacio. De ese modo, lograrán “disminuir el nivel de activación”. Más adelante, podrán volverlo a poner las cartas sobre la mesa: “Cuando sintamos que podemos intercambiar puntos de vista y llegar a pactos a la vez que mantenemos el nivel de seguridad del vínculo”, puntualiza la psicóloga.

Cómo discutir de forma sana y constructiva

La experta en relaciones seguras Montse Cazcarra nos ofrece una serie de recomendaciones para conseguir aprender a afrontar los conflictos de manera sana y constructiva.

Ser conscientes. “Primero, darnos cuenta de qué nos sucede a nivel emocional y corporal cuando discutimos: con qué emociones conectamos, en qué pensamientos se traducen y qué nos nace hacer con ello para poder saber a qué debemos prestar más atención”, explica.

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Comunicarse. Hablar sobre cómo gestionamos el conflicto es fundamental. “Podemos llegar a pactos cuando surjan conflictos. Evidentemente, debemos tener cuidado con cómo exponemos esto, pues no hablamos de exigir, sino de exponer y proponer”, apunta.

Mira hacia dentro. Además de cuidar el vínculo afectivo, para gestionar conflictos de forma sana, también toca realizar una cierta introspección, “que nos trabajemos internamente pues, en los conflictos, pueden salir a relucir emociones no elaboradas, heridas no sanadas y sensaciones que se nos quedaron grabadas en nuestro sistema nervioso vinculadas a estímulos que, en la actualidad, ejercen de disparadores emocionales”. Tenerlas en cuenta ayuda a afrontarlo de forma sana.

Generar seguridad. Por último, la psicóloga recalca la importancia de garantizar una situación segura para los integrantes de la relación. Y, en concreto, para uno mismo. “Será fundamental preguntarnos si nuestra relación contribuye a nuestro bienestar o todo lo contrario”, concluye.

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