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A veces, hay que asumir que no queda sitio ni para el postre./ Foto: Pexels.

Alimentación

Por qué no puedes dejar de comer, aunque ya estés lleno: te lo explica la ciencia

Los alimentos «poco saludables» promueven la liberación por tu cerebro de dopamina que aumenta tu sensación de bienestar. Pero atiborrarse de comida no es, ni mucho menos, la clave para ser más feliz.

Por Marcos López

19 de abril de 2024 / 13:30

El primer y segundo platos ya son historia y no puedes más. Estaba todo tan rico que no podías dejar de comer y estás a punto de reventar. Pero ahí viene el postre, que luce realmente apetitoso. Así que haces un huequito –aunque no lo haya– en el estómago y, cubiertos en mano, atacas los dulces. Aunque no tengas hambre. Aunque estés absolutamente saciado y tu sistema digestivo, ya saturado, se vaya a «enfadar» por cargarlo aún con más trabajo. Y no es que te hayas dejado arrastrar por la gula: existe una razón científica para explicarlo.

«Comer demasiado» es, en realidad, un concepto relativo. Depende de cada persona, de su capacidad para ingerir, y digerir, mayores o menores cantidades de comida. Y aunque todos aún devoren los platos, superaste tu límite hace muchos bocados.

Algo que le pasa a todo el mundo. Continuamente. Aunque, como indica Lorna Costa, coach nutricional especializada en trastornos alimenticios, «nos sintamos culpables, incluso avergonzados, mientras comemos. Y es que tenemos que comer lo que realmente queremos, no lo que creemos que debemos comer». El problema es que el cerebro no está siempre de acuerdo.

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Aumenta tu sensación de bienestar

Se trata del denominado apetito o hambre hedonista, en el que no importa que el cuerpo esté atiborrado y no haya ninguna necesidad de acumular más energía. El cerebro va a pedir más. Y es que los alimentos altos en calorías y cuya ingesta resulta placentera, por lo general por su sabor, activan, como ha observado la Universidad de Rochester, el sistema de recompensas del cerebro, lo que resulta en un incremento de la liberación de dopamina y en una sensación de bienestar. No es comer para sobrevivir, sino por puro placer.

Te sientes hinchado

Has terminado de comer. Y aunque el buffet de ensaladas siga a rebosar de alimentos saludables, no lo piensas ni tocar. Has tenido suficiente. Pero como te pongan delante el carrito de las tartas estás perdido. Volverás a sentirte henchido, a padecer náuseas, a correr en busca de un aseo en el que aliviar tu hinchazón. Tienes que parar. Te contamos lo que recomiendan los expertos para lograrlo. Y es muy fácil.

Cada comida a su hora: no pases hambre

Tienes que ser curioso. Preguntarte por qué tienes tanta hambre. Identificar la causa por la que rebañas los platos como si no hubiera un mañana. Por ejemplo, y aunque nunca deberías, ¿te has saltado el desayuno? Llegarás a la comida completamente famélico. Lorna Costa explica que «lo primero que hay que hacer es evitar tener hambre, lo que automáticamente nos empujará a comer en exceso».

Piensa si realmente necesitas comer más

El siguiente paso es escuchar a tu cuerpo –e ignorar a tu cerebro–. Si ya te sientes lleno, no hay ninguna razón para continuar engullendo calorías y arriesgarte a ganar unos kilos que tanto te costará perder. La experta apunta que «es importante realizar una pausa a mitad de la comida y evaluar si ya estás satisfecho y, llegado el caso, preguntarte si realmente necesitas seguir ingiriendo alimentos por el simple hecho de que ya están ahí».

Comer demasiado no soluciona tus problemas

Un apunte: si el origen de esta comilona es festejar una buena noticia, caso de un ascenso laboral, no te reprimas. A nadie le amarga un dulce y tienes todo el derecho del mundo, estés de celebración o no, a darte un capricho. Pero si son las emociones negativas las que te empujan continuamente a estos atracones, si recurres a la comida, sobre todo a la poco o nada saludable, para tratar de olvidar tus preocupaciones y calmar tu ansiedad, es el momento de ponerle remedio.

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Es cierto que lanzarse con una cuchara a por el helado de chocolate puede aliviar tus penas, pero no es la solución a largo plazo. Afróntalas sin pasar por la nevera. De hecho, estos atracones pueden añadir aún más pensamientos negativos a tu mente, caso de la culpabilidad por la falta de autocontrol o una bajada de la autoestima.

La comida no se va a ir

Así que evita acumular hambre antes de sentarte a la mesa y evalúa tu nivel de satisfacción durante la propia comida. ¿Y después? Pues toca otra pausa y una nueva reflexión. Como refiere Lorna Costa, «te darás cuenta de que estás bien, de que aunque puedas no necesitas un refrigerio, lo que evitará que sigas comiendo sin pensar».

Pasado un cierto tiempo, siempre puedes volver a por ese postre que, esta vez sí, dejaste pasar. Como concluye la experta, «recuerda que la comida no se va a ir a ningún sitio y que puedes comer otra vez en 10 minutos».

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