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Aceptar al otro como es no siempre es fácil pero es básico para que la relación funcione./ Foto: Morjas.

Relaciones

Cómo aceptar lo que no te gusta de tu pareja si no quieres dejar la relación (todavía)

¿Tienes en casa un olmo y te frustra que no te dé peras? A lo mejor ha llegado el momento de que lo aceptes como es (o te busques un peral).

Por María Corisco

3 de abril de 2024 / 13:30

Pueden ser cosillas insignificantes del día a día: abrir otro bote de mayonesa y dejar en la nevera el que se ha terminado, no apagar las luces al salir de una habitación o usar la silla como perchero. Pueden también no ser tan insignificantes: no cumplir los compromisos, hacer planes sin contar con el otro o escaquearse de las tareas comunes. En todas las parejas hay desencuentros, pero si te frustran, te hacen infeliz y no sabes cómo hacer que la tuya cambie, tal vez debas empezar por no empeñarte en que la otra persona sea como tú quieres.

Es trabajar la aceptación, explica la psicóloga María Martínez, autora del libro Vivir en modo Kaizen (ed. Alienta): “Muchas veces nos quedamos en un lugar, en una relación, en una situación, esperando a que la otra persona haga lo que tiene que hacer y cambie. Y lo hacemos convencidos de que nosotros tenemos la razón, porque es el otro el que lo hace mal. Y por eso es quien tiene que cambiar. Pero esto no es así. Lo que ocurre es que tú no quieres enfrentarte a la situación de tener que decidir. Tienes miedo y cargas en la otra persona la responsabilidad de tu felicidad”.

Es entonces cuando te amargas, te mustias, te frustras y piensas que no tienes otra opción. Pero, si cambias el foco de lugar, si lo apartas del otro y lo pones en ti, puedes empezar a ver qué es lo que puedes hacer con lo que depende de ti y no del otro. “Aceptar es sencillo. No significa que te guste lo que haga el otro, sino que ves la realidad y sabes que solo puedes cambiar aquello que depende ti”.

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Cómo aceptar lo que no te gusta

¿Difícil? La experta señala que no son necesarios cursos ni másteres para aprender a aceptar, y que el problema, normalmente, es que “no queremos hacerlo. Y todo por una absurda creencia que tenemos, que es pensar que, si aceptamos, nos conformamos y entonces nada cambiará. Y que, si nos resistimos, es señal de que podemos cambiarlo. Pero es exactamente al contrario”.

Ante algo que no te gusta, puedes opinar, decir lo que piensas y cómo lo ves. A partir de ahí, señala María Martínez, tienes dos opciones:

  • Opinar más, quejarte convencido de que eso no debería ser, de que podría ser de otra manera, de que es injusto, un asco, y atascarte. “Generas así una condición: hasta que esto no cambien, yo no voy a avanzar. Y te sientes cada vez peor. Es decir, te lo quedas contigo en la mente, en modo centrifugadora, y lo alimentas constantemente”.
  • Eliges actuar sobre lo que depende de ti, y saber que ahora no puedes cambiar eso que no te gusta. “Pero sí puedes moverte para que en un futuro pueda ser distinto. O bien centrarte en algo que puedas hacer en este momento y que te sirva para dirigirte hacia un sitio que te gusta más”.

Ya, está claro que no nos gusta pensar que la otra persona es libre de hacer o no lo que esperamos de ella. “Tú también eres libre de elegir lo que quieres hacer, pero no condiciones tu vida porque otra persona no haga lo que tú quieres que haga”.

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Aceptar, señala, “no es que te parezca bien, no significa dar tu beneplácito ni estar de acuerdo. Aceptar es ver la realidad objetiva en este momento, sin resistirte porque no sea como tú quieres o esperas y poniéndote en marcha para actuar respecto a lo que depende de ti. Para que no quedarte para no quedarte atascado en el bucle del esto no debería ser”.

Cambiar la perspectiva para aceptar mejor lo que no te gusta

Con respecto a las insignificancias cotidianas, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao nos ilustra con un ejemplo personal: su mujer deja las tazas de té por toda la casa, “y a mí no me gusta ni verlas por los rincones ni tener que recogerlas y tirar las bolsitas húmedas y frías a la basura. Es algo que me frustra y no lo entiendo, porque es una persona bastante ordenada. Pero, desde hace unos meses, he cambiado de perspectiva: cada vez que veo una taza, la recojo y tiro la bolsita a la basura. Y, cuando lo hago, me detengo a darme cuenta de que es un pequeño gesto de amor y pienso en todas las cosas que quizás ella hace por mí sin que yo me dé cuenta”

Lo mejor de todo, explica, no es que cada vez se enfade menos y tengan menos discusiones, sino que “cada vez que lo hago me siento bien. Este pequeño ejercicio me ha ayudado a darme cuenta de que cuando elegimos a una pareja distinta a nosotros no solamente nos complementa, sino que nos ayuda a desarrollar facetas de nosotros que quizás tengamos pendientes. En mi caso concreto, reducir un poco el nivel de exigencia”.

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