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Llevarte mal con tu suegra puede llegar a crear una fobia./ Foto: Monster in law.

SALUD MENTAL

¿Le tienes manía a tu suegra? Se llama penterafobia y es un miedo real

No se trata de que te caiga mal o no te apetezca verla, sino de que la mera idea de estar ante ella te provoca un ataque de pánico o ansiedad. Descubre qué hay detrás de esta fobia.

Por María Corisco

26 de marzo de 2024 / 17:00

“Del diablo te librarás pero de la suegra no podrás”. “No te fíes de niebla ni de promesa de suegra”. “Suegra, nuera y yerno, la antesala del infierno”. Estos pocos ejemplos, tomados del refranero español, son apenas una muestra de un sentir que está arraigado en esta cultura y en los chascarrillos comunes: la idea de que la suegra -da igual si es la madre de él o la de ella- es un ser metomentodo que se inmiscuye, malmete y amarga la vida de nueras y yernos. En definitiva, una figura tóxica en toda regla.

Suena a chiste viejo, pero son muchas las personas que sufren esta presencia y la sobrellevan como buenamente pueden. Lo curioso es que, cuando esta antipatía va más allá y llega a condicionar la vida de quien la sufre, puede llegar a convertirse en una auténtica fobia. Y para ella hay un nombre específico: penterafobia.

Cómo saber si tienes una fobia a tu suegra

El término viene del griego “pentheras”, que significa suegra, y de “phobos”, que significa odio o miedo. Juntas, ambas palabras dan lugar a este concepto, con el que se define a quien padece terror a la suegra. No basta con que te caiga mal, con que no la soportes. Para que pueda ser considerada como fobia, debe reunir los siguientes requisitos:

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  • Miedo excesivo y persistente hacia la suegra.
  • Estados de pánico y ansiedad en su presencia.
  • Intentos de evitar por todos los miedos el contacto visual o físico con ella.

Como define la Clínica Mayo, “las fobias específicas son duraderas, causan reacciones físicas y psicológicas intensas y pueden afectar su capacidad para funcionar normalmente en el trabajo, la escuela o en entornos sociales”.

Es en estos casos, en los que realmente la situación supera a la persona hasta el punto de sentir síntomas físicos y mentales por la idea de estar junto a la suegra, cuando se puede hablar de penterafobia. Entre estos síntomas podemos encontrar mareos, temblores, náuseas y vómitos, sudoración excesiva, boca seca y respiración acelerada y taquicardia.

Es decir, hablamos de que la mera presencia de la suegra puede llegar a desencadenar ataques de ansiedad y de pánico. En ocasiones, señala la psicóloga Esther Cantos, «ni siquiera es necesario que haya contacto visual o físico: basta con pensar en que se ha de tener un encuentro, o incluso que se hable de ella, para que la persona comience a perder el control”.

Por qué se produce

Al igual que sucede con muchas fobias, no es sencillo identificar las causas que llevan a esta situación. “No es lo mismo detestar a tu suegra, y tener motivos para ello, que sufrir una fobia. Hablamos de un miedo irracional y, por mucho que se pueda pensar que procede de situaciones de la infancia, de traumas pasados o de experiencias vitales, neutralizarlo puede ser muy difícil”.

Se habla, efectivamente, de “condicionamiento familiar”, como es el caso de aquellas personas cuyos padres o madres odiaban a sus suegras, y que de alguna manera han interiorizado la creencia de que esta figura es negativa. También se ha estudiado el papel de la genética, así como los constructos sociales y culturales. “Pero, por sí solas, ninguno de estos factores va a ser determinante para que aparezca la fobia. De hecho, son muchas las personas que han vivido este tipo de situaciones y no por ello la relación con la suegra desencadena en ellas un ataque de pánico”.

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¿Hay tratamiento?

Cuando los problemas con la suegra van más allá de ese “me cae fatal, no la soporto” y alcanza el rango de fobia, la mejor opción es ponerse en manos de un terapeuta. «El tratamiento de cualquier fobia es complejo y requiere un abordaje profesional”, señala la experta, que añade que puede emplearse terapia cognitivo conductual, terapia de exposición o de desensibilización, y también, en algunos casos, tratamiento farmacológico.

Hay que valorar también, por parte de un profesional, si ese miedo irracional está anclado en tus propios miedos, en una baja autoestima, en la inseguridad y en el miedo a no ser querido o aceptado por una persona que tiene tanta influencia sobre tu pareja. “Asimismo, conviene estudiar a la pareja -el hijo o hija de la suegra- para ver cómo se ha desarrollado su relación y de qué manera repercute en la relación actual”.

Otro posible conflicto latente es, especialmente en el caso de varones, una actitud de resentimiento, desconfianza y temor a la figura femenina de poder, representada en este caso en la madre de la pareja. “Por eso, cuando la situación escapa a nuestro control, es importante contar con el asesoramiento de un terapeuta que oriente y dé estrategias para, si no superar, sí neutralizar estos sentimientos para conseguir que no condicionen la vida”.

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