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Volver a la normalidad tras una discusión no siempre es fácil./ Foto: Friends.

Salud mental

Cómo hacer las paces sin rencor para que las discusiones no afecten a tus relaciones

¿Qué significa hacer las paces? ¿Basta con decir "lo siento"? ¿Eres tú quien debe dar el primer paso? Sonia Díaz Rois, experta en gestión de la ira, te da las claves para cerrar bien una discusión.

Por María Corisco

9 de marzo de 2024 / 09:30

“Quien se enfada tiene doble trabajo: enfadarse y desenfadarse después”. Este viejo aforismo -tan comúnmente escuchado de niños en casa-, refleja algo que, pese a ser una obviedad, a menudo se minimiza: cuando se discute con alguien, especialmente cuanto más cercano es, después toca arreglarse. Es decir, hacer las paces. Y esa tarea no siempre es fácil, sobre todo para algunas personas.

«Hacer las paces con una persona con la que acabas de discutir nos puede costar tanto como ver a dos boxeadores bajar del ring para ir a dar un paseo cogidos de la mano”, señala Sonia Díaz Rois, coach experta en gestión de la ira. La resolución del problema y la vuelta a la normalidad puede ser un proceso complicado en el que el orgullo, el motivo de la disputa, las emociones y los aprendizajes se pueden enredar y dificultar el acercamiento.

Cuánto tiempo debe tardarse en hacer las paces

El modo en que cada persona experimenta y gestiona las emociones es único -recuerda la experta-. Hay quienes necesitarán más tiempo para procesar lo ocurrido, asimilar la información y comprender tanto sus pensamientos y sentimientos como los de los demás. Mientras unas personas procesan toda esta información casi de inmediato, para otras su proceso es más lento y necesitan más espacio”.

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Por tanto, al igual que ocurre con la tristeza y el duelo, cada cual tendrá sus tiempos. “Algunas personas pueden necesitar hacer las paces de inmediato, porque quieren recuperar esa sensación de “estar bien”. Otras, en cambio, optan por evitar hablar sobre el tema. Necesitan tiempo y espacio para recuperarse del daño y tal vez les cueste más expresarse”.

Pero, ¿qué es hacer las paces?

Es fácil que más de una vez hayas cerrado en falso una discusión. Que alguien que te ha hecho daño te diga “lo siento” y piense que con eso queda todo solucionado y todo vuelve a la normalidad. O que hayas decidido darle la razón al otro para evitar que la situación continúe enrarecido. Pero hacer las paces es -o debería ser- algo más profundo, explica la experta:

  • Hacer las paces no significa decir “no pasa nada”, “lo siento mucho”, “perdóname”. Tampoco que “lo olvidamos y ya está”.
  • Hacer las paces no significa estar de acuerdo, y tampoco darnos la razón (aunque algunas veces así sea porque nos damos cuenta de que nos hemos equivocado).
  • Hacer las paces es esforzarnos por comprender los sentimientos del otro y empatizar con los motivos que nos han llevado a discutir.
  • Hacer las paces debería ser sinónimo de comprensión y aprendizaje. «Debería ser querer aprender de lo sucedido y seguir adelante, desde una relación fortalecida».

El recuerdo de experiencias pasadas

Pedir disculpas puede ser un acto sincero, pero no servirá de mucho si no se hace desde el deseo real de no repetir el mismo comportamiento. Si perdonas un insulto una vez y otra, es fácil que llegue un momento en el que la otra persona recurra al insulto sin pensar que eso va a acarrear un coste.

En este sentido, Díaz Rois apunta que “a algunas personas les puede costar hacer las paces especialmente si en otras ocasiones han experimentado una reconciliación casi inmediata, que lo único que ha hecho ha sido restaurar la situación sin haber aprendido nada de lo sucedido. Si decimos “lo siento” y esas palabras no están respaldadas con actos, caerán en saco roto y mermarán la confianza de reconciliación”.

Por otra parte, a menudo dejamos que corra el aire, miramos hacia otro lado y dejamos que el cabreo se diluya poco a poco. Pero hemos de tener en cuenta, explica la experta, que, si no hemos compartido nuestro motivo de enfado y tampoco hemos hecho lo posible por comprender la parte contraria, con casi total seguridad, aparecerá una y otra vez hasta que le hagamos caso.

¿Debo ser yo quien dé el primer paso?

Si no logras sacarte de la cabeza el runrún de la discusión, o si el ambiente sigue enrarecido y nadie ha tomado la iniciativa para hacer ese primer acercamiento, “es un buen momento para dar el primer paso. Eso sí, antes de tomar la iniciativa y escoger el momento adecuado, asegúrate de que has reflexionado sobre “tu parte”. Hacernos responsables de nuestra parcela es primordial. Se trata de no aproximarnos al otro descargando en él toda la culpa y la responsabilidad”, explica.

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También es conveniente valorar cómo de importante es para ti la persona con la que has discutido y qué quieres conseguir al hacer las paces. Y, por último, conviene ir “dispuesto a ceder en algún punto, en caso de que sea necesario llegar a algún acuerdo”.

¿Qué puedo hacer para que me cueste menos?

En todos los casos, será necesario un diálogo empático y asertivo. Si no somos capaces de bajarnos del burro y escuchar, no habrá entendimiento posible.

  • En lugar de pensar por defecto que la persona con la que hemos discutido lo ha hecho con mala intención, “podemos empezar por activar la “presunción de inocencia”, haciendo lo posible por intentar comprender sus motivos”.
  • Es importante tener en cuenta que las personas compartimos las mismas necesidades que nos llevan a querer ser respetados, comprendidos, tenidos en cuenta. “Recordar que, igual que nosotros, otras personas también quieren tener la razón puede ayudarnos a comprender que no hay una mala intención de base, sino más bien una necesidad”.
  • Comprender que un momento de cabreo muchas veces esconde debilidades, inseguridad y sentimientos de no sentirse capaz nos puede ayudar a comprender desde otro punto de vista. Por ese motivo, haz lo posible por intentar ver más allá de sus gritos, sus gestos y sus palabras. Deja a un lado las formas y conecta con lo que necesita.
  • Para evitar que el conflicto se enquiste si que hayamos llegado a hacer verdaderamente las paces, la experta apunta que, en lugar de callar, es mucho mejor acordar y programar espacios de prevención para tratar esos temas que nos pueden escocer y así gestionarlos desde la calma.
  • En el momento de hacer las paces, conviene “comunicarnos de manera asertiva, compartiendo nuestras necesidades y escuchar. Estar dispuestos a dejar de ver las diferencias y pasar a ver eso que tenemos en común nos ayuda a ser más flexibles, tolerantes y también a cambiar de opinión, cuando sea necesario”.
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