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La timidez puede ser limitante pero en cierto grado podemos aprovecharla./ Imagen: Pexels.

SALUD MENTAL

Trucos para vencer la timidez y hablar en público sin miedo (cuando todo te da vergüenza)

Si luchas contra tu timidez y sientes que no hay nada que puedas hacer para superarla, te ofrecemos ocho claves de experto para ayudarte a empezar a practicar una nueva forma de relacionarte.

Por María Corisco

17 de noviembre de 2023 / 13:38

La timidez muchas veces se confunde con la introversión o con el ser vergonzoso, ya que los límites se difuminan. Aún así, también puede suponer un pesado lastre para quien la sufre. La persona tímida, a menudo, tiene asumida su condición y siente que no hay nada que pueda hacer para cambiar ese rasgo de su carácter.

Con la ayuda de la psicóloga Pilar Varela, autora del libro Tímida-Mente (Ed. La Esfera de los Libros), vamos a intentar entender los distintos niveles de timidez, cómo superarla y darnos cuenta también de que no siempre es tan negativa.

Grados de timidez

“Los niveles de timidez varían desde los sentimientos ocasionales de rubor hasta la aparición frecuente de episodios altamente traumáticos de ansiedad y pánico”, explica Pilar Varela, que propone tres grados.

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Timidez más o menos llevadera

Son personas que gustan de su privacidad y su soledad, que prefieren la compañía de un libro o un paisaje antes que la de otras personas. “Las personas de este grupo pueden vencer su timidez, aunque a algunos no les resulta muy fácil iniciar una conversación con un desconocido. participar en una reunión y menos aún sacar a bailar a una pareja.

Nivel intermedio: la mayor parte de los verdaderamente tímidos

Aquellos que se ruborizan por cualquier cosa y que se sienten francamente incómodos en una gran parte de situaciones de interacción. “Su timidez llega a convertirse en ansiedad, afecta a su vida social y les inhibe indeciblemente.

Su excesiva ruborización les hace vulnerables y el miedo a sus reacciones les convierte, a menudo, en personas ariscas y distantes. Este tipo de personas suelen tener una baja confianza en ellas mismas y carecen de las habilidades sociales elementales para relacionarse fluidamente con otros individuos”.

Los dolorosamente tímidos

Aquellos para los que su emoción se ha convertido en una patología. “Son los tímidos crónicos, tras los que late una alta ansiedad de consecuencias incapacitantes. Su mal no se pasa con el tiempo. Por el contrario, la edad extrema las reacciones, de modo que se alejan cada vez más de la gente, que finalmente llega a considerarlos antipáticos y antisociales”.

¿Es posible vencer la timidez?

“La timidez es un asunto complejo que puede vencerse con estrategias que han demostrado su eficacia, pero, sin duda, el primer paso es estar dispuesto a cambiar”, señala la experta.

  • Lo primero que debe asumirse es que no existe un yo inamovible, que hay técnicas de mejora y que lo que ha funcionado para otros también puede funcionar para uno mismo.
  • Asimismo, es necesario un poco de valor para decirse una verdad: “La timidez es un sentimiento desagradable, pero a la vez es un escudo cómodo que nos protege de otros sentimientos aún peores, como sentirse rechazado, no querido, no valorado. Hay que desenmascarar todo esto y saber, desde ahora, que la mayor parte de esta red de sensaciones es inventada y que vamos a deshacer. La timidez protege, pero también encadena”.
  • También debemos analizar qué pensamientos automáticos están petrificados en nuestra mente. ¿Qué ideas no se someten nunca a revisión? ¿Cuáles se dan por hechas y cuáles funcionan inexorablemente y provocan interferencias serias en las relaciones con los demás? “La timidez implica una excesiva preocupación por uno mismo y un temor a ser evaluado negativamente pero, ¿por qué habríamos de ser evaluados negativamente si somos como todo el mundo? ¿Acaso no tenemos el mismo valor?»

Consejos para superar la timidez

“Las personas tímidas, a menudo, manifiestan dos características que influyen negativamente en su conducta: poseen un alto nivel de ansiedad y carecen de las necesarias herramientas para comunicarse. Pero se puede aprender también a actuar como los extrovertidos, hacerse amigos y a establecer contactos. No es mucho más difícil de llegar a saber alemán o física”, explica la psicóloga. Para ello, estos consejos que da Pilar Varela pueden sernos de utilidad:

Controla tu tono de voz

Los tímidos se comen las letras y las sílabas, y hablan en un tono de voz tenue porque no se atreven a hablar más alto, especialmente en el saludo y en las frases de cortesía. El efecto que se produce no es bueno. Práctica en casa a solas, o con la colaboración de alguien de confianza. Di con firmeza palabras de saludo, despedida, agradecimiento y de disculpa.

Mira a tu interlocutor

Mirar a la cara y a los ojos de la persona con la que se habla es lo normal. “La comunicación se da a través de varios canales, y tan importante es lo que se dice con las palabras, como lo que se comunica con la mirada. Cuando la mirada se desvía, se provoca una mala impresión. La otra persona puede tener la sensación de falta de sinceridad, de que algo no es claro en esa conversación. En los tímidos no es necesariamente así, pero es lo que parece”, explica la experta. Mantener la mirada y acompañarla de una leve sonrisa refuerza el discurso y lo dota de veracidad y confianza.

Haz tu propio papel

“Un modo práctico de superar la timidez inicial es aprenderse un modo de actuar y representarlo como si fuera un papel de un actor de teatro”, señala. Hacer un rol permite al tímido olvidarse un poco de sí mismo. Ante decenas de situaciones, podemos redactar un papel, ensayarlo y ponerlo en práctica.

Establece algunos objetivos sociales

“Los entrenadores contra la timidez norteamericanos recomiendan a sus pupilos la elaboración de un contrato con uno mismo”, añade. Se trata de proponerse algunos cambios en nuestra vida diaria, de fijar ciertos objetivos, como por ejemplo conocer a cuatro nuevas personas esta semana, invitar a comer a una persona o hacer un regalo a otro.

Practica el primer contacto

Si se te hace difícil el primer contacto con alguien, practícalo con los interlocutores disponibles: llama por teléfono a un gran almacén y pide cualquier información que te interese, o llama a una librería y pregunta si tienen un libro. “Tanto si este contacto artificial es telefónico como si es personal, observarás que te tratan con amabilidad y que puedes mantener una breve conversación sintiéndote tranquilo”, apunta Varela.

Da la mano con energía

De nuevo puedes pedir que te ayuden amigos o personas de confianza. Se trata de que te den la mano como si fuera un saludo de presentación. “Observa las diferentes maneras de hacerlo y pide que ellos, por su parte, valoren tu propio saludo. ¿Eres de los que dan una mano blanda? ¿Saludas con una mirada huidiza? ¿Pronuncias una frase inteligible al saludar? Analiza todo esto y prueba a estrechar la mano con energía moderada y mirando a los ojos, añadiendo una sonrisa más o menos abierta según el grado de conocimiento o afecto que tengas con tu interlocutor”.

Ensaya ciertos cumplidos

A menudo no se nos ocurre nada para ofrecer un cumplido a otra persona. Ten preparado algo para decir sobre su ropa –‘qué bonito abrigo-, su aspecto -tienes muy buen color-, alguna habilidad que tengan (qué bien cocinas…)

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No te quedes en casa, sal lo que puedas. Ve a presentaciones, librerías, exposiciones, eventos deportivos…

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No siempre la timidez es mala

No todo es negativo en un tímido. “La timidez tiene algo de bueno, claro que sí -explica Pilar Varela-. Cuando el grado de timidez no llega a ser un problema grave, un tímido puede beneficiarse de su carácter, al que probablemente acompañen elementos muy rentables emocional y socialmente.”

  • La prudencia, que ayuda a controlar la impulsividad y evita errores.
  • La reflexión, que acerca a la creatividad interior y al mejor conocimiento de uno mismo.
  • Los moderadamente tímidos suelen disfrutar de los placeres de la privacidad, seguramente con más intensidad que los extrovertidos.
  • Además, los tímidos sociables, es decir, los que vencen su deseo de escapar y no son evitativos, tienen una imagen buena.
  • A menudo resulta más agradable el que escucha que el que habla, el que sonríe levemente y mira con atención sin imponer sus criterios, ni siquiera su presencia
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