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NO TE PIERDAS La aventura de emprender el Camino de Santiago sola se hace con los pies y con la mente
Salir del espacio de confort y aventurarse sin conocer o tener todo el control siempre impresiona y genera cierto temor. FOTO: Taryn Elliott (Pexels).
Un viaje masificado... pero de pensamientos
Recorrer cientos de kilómetros sin más compañía que la propia sombra se hace con los pies y con la mente.
Por Isa Espín
9 DE AGOSTO DE 2026 / 08:00
Hay viajes que se miden en kilómetros y otros cuyos pasos se convierten en transformaciones. Mucho antes de que habláramos de desconexión digital, atención plena o turismo lento, el Camino de Santiago ya proponía una fórmula sencilla para cuidar cuerpo y mente: caminar y contemplar. Hoy, miles de peregrinos lo recorren cada año buscando algo más que llegar a una meta. Los retos emocionales de hacer el Camino de Santiago se entrelazan con los paisajes más espectaculares, que invitan a detenerse, bajar el ritmo y redescubrir el placer de caminar sin más objetivo que avanzar.
Por todo esto, mucha gente opta por hacer el Camino de Santiago sola, ya que supone un reto no solo físico, sino también mental.
El doctor Luis Caballero, jefe del Servicio Psiquiatría y Psicología Clínica de HM Hospitales, reflexiona sobre el proceso de caminar solos durante mucho tiempo desde el punto de vista neurológico y antropológico.
Entre las reflexiones del doctor Caballero destaca el hecho de que caminar solo obliga a convivir con uno mismo, y ahí reside buena parte de su valor transformador: «La ausencia de distracciones y la repetición del movimiento favorecen una especie de lentitud mental que ayuda a ordenar pensamientos, relativizar preocupaciones y ganar perspectiva sobre cuestiones personales que en la rutina diaria quedan relegadas».
La soledad en el Camino suele percibirse como aislamiento desde fuera, pero quienes lo realizan destacan justo lo contrario: una sensación de presencia y conexión. Al reducir el ruido externo, aumenta la atención al entorno, al propio cuerpo y a los encuentros que surgen de forma espontánea, convirtiendo el trayecto en una experiencia de autoconocimiento y confianza personal. «También es una experiencia de autonomía. Cada decisión tomada, cada dificultad superada y cada etapa completada refuerzan la sensación de capacidad personal, generando una confianza que mucha gente traslada después a otros ámbitos de su vida», destaca.
Se suele ensalzar el poder transformador de hacer el Camino de Santiago. De hecho, la pasada Semana Santa, un grupo de mujeres con cáncer de mama que entrenan desde hace meses en el Programa Actívate de HM Hospitales, junto con su entrenadora y la doctora Ana Pastor, cardióloga en HM CIE, emprendieron un Camino de cinco días desde Sarria hasta Santiago de Compostela.
«Cada una inició el viaje con su propia mochila, sus propios miedos e incertidumbres, sin la certeza de poder llegar a la emblemática Plaza del Obradoiro. Pero el Camino, como la vida, te invita a recorrerlo a pesar de las dificultades», explica la doctora Pastor.
A nivel físico, explica la experta, todas lo completaron sin incidencias, «a nivel mental, disfrutamos tanto de momentos de introspección en solitario como de otros de gran compañerismo, generando un inmenso sentimiento de orgullo colectivo al alcanzar la Catedral de Santiago».
Las pacientes destacan la enorme emoción de superación y logro vivida durante esos días. Las palabras de la entrenadora antes de entrar en la plaza, acompañadas por el sonido de las gaitas de fondo, pusieron el broche final a una experiencia que no termina en Santiago, sino que continúa en la mente de cada una de ellas en su día a día.
«El Camino tiene la capacidad de recordarnos que las grandes travesías se recorren desde dentro, pero también que los encuentros, las conversaciones y el apoyo de quienes aparecen a nuestro lado pueden transformar profundamente la experiencia», sentencia Pastor.
¿Qué suele llevar a una persona a decidir hacer el Camino de Santiago en solitario? «Aunque depende de cada persona y sus circunstancias, a menudo tiene que ver con un momento vital en el que se necesita un cambio. La búsqueda de sentido en lo personal, una necesidad de pasar tiempo en contacto con una misma para reflexionar, o la motivación por probar una experiencia nueva también suelen estar detrás», responde Laura Palomares, psicóloga directora de Avance Psicólogos.
«La partida, como en el viaje del héroe, mito relacionado con la iniciación y la transformación, requiere salir de la comodidad de lo conocido y afrontar lo desconocido para adquirir conocimiento y transformación», explica la psicóloga.
Según el mitólogo Joseph Campbell, el viaje del héroe (o monomito) se divide en tres fases principales:
Adaptado a la ‘vida real’, esto se traduce en que al principio es normal sentir miedo ante la incertidumbre del camino, pero será una de las emociones naturales que también dejarán una enseñanza. No podemos controlarlo todo antes de avanzar. «Puede ser muy enriquecedor, e incluso terapéutico, pero cada persona puede encontrar su mejor manera para encontrarse o tener tiempo de reflexión o aprendizaje», sostiene.
¿En qué momento la soledad deja de ser enriquecedora y puede volverse difícil? «La soledad va y viene a lo largo del camino. Es un sentimiento que se va aprendiendo a llevar cada vez mejor, siempre y cuando vaya alternándose con momentos compartidos y de relación con otras personas. Es posible incluso que la búsqueda de soledad haya sido uno de los motivos para emprenderlo, pero si se está demasiado cerrado y se tiende a llevarlo como un proceso de excesivo aislamiento, puede en algún momento dejar de ser algo positivo para hacerse duro e incluso desmotivador o deprimente», destaca la experta.
Sin embargo, los momentos de aislamiento emocional pueden tener múltiples beneficios. Como asegura Palomares, la consecución de objetivos genera la sensación de ir cumpliendo metas y etapas. Esto ayuda a relativizar el paso del tiempo y entender que todo es momentáneo y transitable.
La meditación activa o estar presente durante el camino ayuda a sentir calma y bienestar. Recordar que esos momentos durante el camino son más o menos habituales, pero no constantes, además de una oportunidad de introspección.
En nuestro día a día, tenemos poco tiempo para pensar, para procesar y digerir lo que pensamos y sentimos. «A menudo no solo es falta de tiempo, sino miedo a asumir o sostener esas emociones y tratamos de huir de ellas o evadirnos. Durante el Camino, hay una conexión ineludible con nuestros pensamientos y sentimientos y esto va a ser positivo para su elaboración y por lo tanto, para ‘caer en la cuenta’ o tener revelaciones acerca de una misma o de la propia vida», asegura.
La desconexión de la vida cotidiana (las pantallas, el trabajo, las rutinas…) supone el mayor choque emocional. «Bajar el ritmo y disminuir el exceso de ruido y estimulación a la que nos exponemos en el día a día ayuda a encontrar calma. Esta calma es necesaria para una reflexión más lúcida. También para reparar lo que no hemos tenido tiempo de afrontar y procesar y poder disfrutar verdaderamente del presente, bajar la ansiedad y el ruido mental», destaca la experta. Sin embargo, esto da paso a un diálogo interno al que no estamos acostumbradas. Es buen momento para revisar si estamos donde queremos y de la manera en que elegimos estar, o si nos estamos dejando llevar por los demás, por presiones sociales, la necesidad de gustar, el miedo a decir no o por clichés.
Por eso, cómo nos hablamos a nosotras mismas cobra una especial importancia durante las largas jornadas de caminata. Hablarnos de forma amable, constructiva y sin juicio es fundamental para enfocarse en los objetivos desde la calma. Afrontar dificultades y poder tomar conciencia de las propias limitaciones para tratar de superarlas generará sentimientos de autorrealización que pueden ser tremendamente enriquecedores si luego las llevamos a nuestra vida diaria.
Afrontar retos, vivir momentos de soledad, frustración, alegría y conseguir aprender a ser buena compañía de una misma puede ser profundamente transformador. Durante la experiencia también conoceremos a diferentes personas «con las que la conexión sea verdaderamente profunda, aunque no necesariamente tenga que mantenerse en el tiempo o suponga una amistad de por vida».
La perspectiva de otras personas, sus necesidades, experiencias y el momento compartido pueden generar experiencias sumamente enriquecedoras.
El momento de volver a la rutina requiere de una nueva adaptación. «Por ello, siempre es bueno no retomar el trabajo o una jornada más intensa de golpe, ya que el contraste puede generar ansiedad. Una adaptación progresiva siempre es lo mejor. A medida que nos vayamos adaptando a nuestras rutinas, los recuerdos y experiencias vividas irán apareciendo. Lo importante del Camino de Santiago irá tomando peso y los aprendizajes se irán haciendo más conscientes y útiles», sentencia. Como en el mito del héroe, lo aprendido y las pequeñas transformaciones alcanzadas serán el premio.
Solo necesitas acumular el cansancio del día, tener el móvil a mano y estar tirada en el sofá para comprar sin pensar. Y los comercios lo saben.