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Por qué los ultraprocesados son adictivos

Por qué los ultraprocesados son adictivos. Imagen de Unsplash.

Alimentación

Por qué somos adictos a los ultrapocesados y cómo acabar con esta adicción

Los ultraprocesados son algunos de los productos que más se consumen y al mismo tiempo los que más daño le hacen a nuestro organismo. Aprende a sustituirlos con los consejos de los expertos.

Por Michelle Avís Melgosa

4 de mayo de 2023 / 17:36

Comer de manera saludable no es sólo llevar una dieta equilibrada, sino también elegir, siempre que sea posible, alimentos enteros o integrales frente a los procesados o ultraprocesados. Sin embargo, en numerosas ocasiones es difícil conseguir esto debido a los malos hábitos alimenticios y al fuerte poder adictivo de la comida basura, que contiene un alto contenido en azúcar, grasa y sal, ya que potencia su sabor y provoca que no paremos de consumirla, incluso sin darnos cuenta.

Pero, ¿existe realmente una adicción a estos ultraprocesados? o ¿es más bien una cuestión de adicción por la comida en general? Para descubrirlo, hemos consultado a Irene Lezcano, nutricionista de Nutritienda.com. Además de ser conscientes de si existe una verdadera adicción por los ultraprocesados, también debemos conocer los hábitos que nos alejan de la comida basura. Algo que hemos conseguido gracias al libro Autocuidarse (editorial Arpa Práctica), de Pilar Benítez, consultora en hábitos de autocuidado.

¿Existe adicción por los ultraprocesados?

Antes de afirmar que existe una adicción a los ultraprocesados, Lezcano aclara que hay que hacer referencia a otro término: «la adicción por la comida». Se trata de un concepto que ha generado diferentes debates durante años. «Existen investigaciones que se centran en el poder adictivo de determinados alimentos», asegura la nutricionista pero, ¿qué es lo que ocurre realmente con los ultraprocesados?

En el caso de los ultraprocesados lo que pasa es que están fabricados con aditivos que potencian su sabor y esto es lo que hace que siempre queramos más y más. «Son, sin duda, uno de los productos que más se consumen y que preocupa, sobre todo, su consumo en la población infantil por las repercusiones que tienen en su salud», explica Lezcano. La cuestión es que esta fórmula genera una sensación de placer en nuestro cerebro, así como «una increíble satisfacción y placer sensorial que refuerza la conducta de consumo, generando que se repita una y otra vez», asegura la experta.

Pero el problema de estos productos no sólo está en su sensación adictiva sino en que estos conducen a una alteración hormonal en la insulina y la leptina, lo que, como bien asegura Lezcano, puede afectar a la sensación de saciedad reduciéndola y haciendo que consumamos más comida.

Otro problema al que nos enfrentamos cuando consumimos ultraprocesados es que podemos acceder a ellos muy fácilmente y están muy bien adaptados a nuestro frenético estilo de vida. «Esto desplaza el consumo de otros alimentos frescos y saludables que deberían ser la base de nuestra alimentación», advierte la nutricionista. Y la publicidad y el marketing también tienen un papel importante, ya que hacen que este tipo de productos sean muy atractivos para nuestros sentidos.

Hábitos para sustituir a los ultraprocesados

Según Lezcano «lo ideal es basar nuestra alimentación en una comida saludable, a base de alimentos frescos». Sin embargo, si el consumo de ultraprocesados es un hábito muy arraigado puede llegar a ser muy difícil combatirlo, por lo que conviene hacerlo de una forma progresiva.

Lezcano propone hacer algunos pequeños cambios en lo que elegimos, como, por ejemplo, cambiar los refrescos por agua con gas y añadir una fruta cortada o menta fresca para darle sabor, café, tés o infusiones. En cuanto a picoteo, la nutricionista habla de optar por chips de verduras o palomitas de maíz hechas en casa. Y en los desayunos también podemos sustituir los cereales azucarados por avena.

Para conseguir un hábito saludable y efectivo contra los ultraprocesados, también hemos consultado los consejos de Pilar Benítez en su libro Autocuidarse. Aquí Benítez habla de los grandes beneficios que tiene para la salud dejar atrás la comida basura. Entre ellos, además de bienestar físico, también nos aporta claridad mental y equilibrio emocional. Asimismo, también prevenimos numerosas enfermedades como «diabetes, obesidad, problemas cardíacos, arterioclerosis, degeneración celular, o envejecimiento prematuro».

La estrategia para conseguir cumplir este hábito es «pasarse a lo integral», describe en el libro. «Se trata de tener presentes dos instrucciones: comer alimentos integrales y hacerlo varias veces al día«, señala. Y para ello, podemos empezar por la lista de la compra o sustituir ciertos alimentos que no son saludables por los que sí lo son (como también recomiendo la nutricionista Lezcano). Junto a esto, también podemos hacernos una plantilla semanal a base de alimentos integrales con recetas fáciles y saludables.

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