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¿Solo buscas tus defectos al mirarte al espejo? / Foto: Freepik.

SALUD MENTAL

Dismorfia corporal: por qué te sucede y cómo aprender a controlar tus complejos

Cuando un rasgo de tu cuerpo se convierte en una obsesión y lo percibes como un defecto que te impide vivir, estás ante un trastorno dismórfico corporal.

Por María Corisco

9 de mayo de 2024 / 08:00

Si te preguntan qué es lo que menos te gusta de cuerpo, seguro que rápidamente se te ocurren un par de rasgos a los que les tienes especial manía, que incluso puede que te acomplejen: una nariz con caballete, un pelo fosco, un pecho demasiado pequeño o caído, unos tobillos poco definidos… Tener algo de inseguridad sobre tu aspecto, o que no te gusten demasiado las cartas que te han tocada en suerte, no tiene nada de extraño. El problema surge cuando esa inseguridad se convierte en una parte esencial de tu vida y supone una distorsión con respecto a la realidad.

En esos casos se habla de dismorfia corporal, también conocida como trastorno dismórfico corporal (TDC). Se trata de un trastorno mental en el cual una persona tiene una preocupación excesiva por un defecto percibido en su apariencia física. Este defecto percibido puede ser mínimo o incluso inexistente, pero la persona lo percibe de manera exagerada y se obsesiona con él.

Recientemente, el TDC se ha clasificado como un tipo de trastorno obsesivo compulsivo. Hasta el momento, explica Amanda Perkins, de la Universidad de Vermont, en un artículo publicado en la revista Nursing, “no se ha identificado ninguna causa, pero se cree que la genética, un déficit de serotonina, los rasgos de personalidad y experiencias de la vida, como abuso o trauma, pueden desempeñar un papel en su aparición. También se cree que los factores estresantes durante la adolescencia pueden influir en el desarrollo del TDC”.

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Cómo se manifiesta la dismorfia corporal

Las personas con dismorfia corporal suelen preocuparse por la simetría, el tamaño y la forma, y enfocarse en áreas específicas de su cuerpo, como la piel, la nariz, los ojos, el cabello… Sienten una gran angustia y malestar debido a su preocupación por este defecto, lo que puede afectar significativamente a su vida diaria, relaciones interpersonales y bienestar emocional.

“Están hiperconcentradas en la percepción de unos defectos que a menudo pasan inadvertidos para los demás y se sienten amenazadas -explica Amanda Perkins-.  Estos pacientes no pueden controlar los pensamientos negativos a pesar del deseo de hacerlo, lo que les provoca angustia y un deterioro considerable del funcionamiento personal”.

Este trastorno puede llevar a comportamientos compulsivos, como pasar horas frente al espejo, compararse constantemente con los demás, buscar constantemente validación o buscar procedimientos médicos o quirúrgicos para corregir ese defecto que solo ellos perciben como tal.

Por qué se produce la dismorfia

Aunque el TDC no es un fenómeno nuevo, la cada vez mayor exposición al mundo a través de las redes favorece que las personas con este trastorno lo vivan con una mayor angustia. En este sentido, se usa el término “dismorfia de Snapchat» para describir el fenómeno por el que las personas que usan filtros de realidad aumentada en aplicaciones de redes sociales, como Snapchat o Instagram, desarrollan una preocupación excesiva por su apariencia en la vida real.

Estos filtros pueden alterar la apariencia facial y corporal de una persona, agregando características como piel suavizada, ojos más grandes, labios más llenos, mejillas más definidas…

Cada vez es más frecuente, señala Amanda Perkins, “que los pacientes soliciten a los cirujanos plásticos que les hagan cambios quirúrgicos para parecerse a la versión que ofrecen los filtros. Llevan a la consulta selfies muy editadas y piden a los cirujanos que les den ese mismo aspecto”.

Como explica, “los filtros de las redes sociales, combinados con un exceso de selfies, modifican la percepción de la belleza de una persona y pueden desencadenar un TDC”.

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Muchos de estos pacientes ven en la cirugía plástica la solución a la forma en que se ven a sí mismos. “Aunque creen que es la mejor opción, la cirugía plástica a menudo genera una angustia mayor. En muchos casos, los pacientes con TDC a quienes se les ha realizado una intervención quirúrgica no se sienten satisfechos con los resultados, lo que les hace sentir la necesidad de una segunda cirugía, o comienzan a centrarse en otras partes de su cuerpo que les gustaría arreglar”.

Otro problema es la adicción a la cirugía de algunos pacientes. Es importante prevenir la cirugía innecesaria en estas personas porque el tratamiento estético se ha asociado con resultados negativos. En este sentido, son muchos los cirujanos plásticos que se niegan a intervenir quirúrgicamente a aquellos pacientes en los que detectan un TDC.

Otra versión del TDC es la “dismorfia corporal por poderes«, en la que el paciente “está hiperconcentrado en otra persona, que puede ser un miembro de la familia, un amigo o, incluso, un desconocido, y se preocupa excesivamente por el aspecto físico del otro. Estas personas se preocupan excesivamente por el aspecto físico de otra persona. La preocupación excesiva puede afectar negativamente a su vida diaria y provocar una disminución de la calidad de vida. El tratamiento de estos pacientes es el mismo que el tratamiento del paciente con TDC”.

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