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Arantxa Sánchez, creadora de The Healing Room.

Testimonios

Arantxa Sánchez: «Así pasé de ser una estresada directiva de marketing a promover el autocuidado»

Arantxa Sánchez, creadora de The Healing Room, nos cuenta cómo alcanzó la felicidad tras sufrir episodios de ansiedad y depresión.

Por Equipo Welife

3 de febrero de 2024 / 09:30

Mi nombre es Arantxa y tengo 42 años. He trabajado durante más de 15 años en departamentos de Marketing, construyendo y liderando marcas principalmente de vino y bebidas espirituosas dentro del segmento premium y de lujo. Crear conceptos, marcas y desarrollar experiencias memorables es mi pasión.

Fue precisamente durante un workshop sobre mi desarrollo profesional en la última empresa multinacional de bebidas en la que trabajé cuando reflexioné y aterricé sobre el papel por primera vez mi verdadero propósito: contribuir al bienestar de las personas a través de «belleza» creada por mí. Entrecomillo «belleza» porque en ese momento era algo conceptual, no definido en el objeto, pero sí en el resultado. Quizá «belleza» eran buenas y bonitas campañas, herramientas de marketing y comunicación para las marcas, … podría ser, aunque suena un poco forzado.

Ahí me di cuenta de que propósito y trabajo no estaban muy alineados, o más bien, estaba haciendo un esfuerzo extra para que encajaran. 

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Llegó el burnout

Esos años en la multinacional aprendí sobre negocio, dinámicas de mercado, estrategias comerciales y de marca y adaptación veloz al cambio. Podría decir que el «qué» fue espectacular, pero no lo fue tanto el «cómo». 

La continua carga de proyectos, los deadline para anteayer, los cambios de planes para ya, las vacantes sin cubrir, un ambiente en ocasiones algo tóxico… todo ello me llevaba a sufrir largos periodos de ansiedad, insomnio y taquicardia.

Yo me daba cuenta de que eso no era saludable ni sostenible, pero insistía en seguir en la rueda. Recuerdo que, cuando sufrí un aborto en silencio, al día siguiente estaba activa como si nada hubiese sucedido, sin dar espacio ni cuidado a esa pérdida y dolor, sacando muchísimo trabajo adelante.

A los dos meses, una desafortunada experiencia con mi jefe me llevó al burnout. Sufrí un colapso en la oficina. Me bloqueé. De pronto sentí que no sabía hacer nada de lo que tenía que hacer y me invadió un miedo atroz. Mi compañera y querida amiga Rocío se ocupó de mí: me metió en un taxi y llamó a mi marido para que estuviera en casa esperándome. Me derrumbé. Me sentía perdida, vacía y tenía miedo. Distintos especialistas me diagnosticaron un trastorno depresivo y ansiedad aguda. Me recetaron antidepresivos y estuve de baja laboral ocho meses. 

Cómo cambiar de ritmo: pasar de cien a cero

Pasar de cien a cero es un shock. El trabajo era mi mayor foco de ocupación y preocupación hasta ese momento. Las primeras semanas de la baja la mente seguía cien por cien conectada a la agenda laboral y a las entregas. ¡Qué ansiedad me provocaba soltar el control de todo aquello!

El ritmo y la actividad vital también sufren un choque: no tenía una rutina formada para llenar el «tiempo libre» durante todas las horas del día, tantos días al mes. Uno tiene que reinventar su día, reinventarse, en definitiva. 

Todo esto sucedió a finales de mayo de 2021. El Turó Park estaba precioso, floreciendo y lleno de color y vida. Muchas mañanas me sentaba en un banquito al sol: leía, escuchaba podcasts, aprendía a no hacer nada. A los diez días yo cumplía cuarenta años. Mi marido organizó una reunión preciosa de amigos al lado del mar. Yo estaba tremendamente triste, en realidad no tenía ganas de ver a nadie. Estar con gente suponía dar explicaciones y yo no las tenía ni para mí. Estaba vacía y perdida. Y tenía miedo. 

En esa época, la mascarilla, que era un complemento básico en nuestras vidas, fue mi aliada: me sentía segura escondiendo mi rostro detrás de ella. No me atreví a conducir hasta seis o siete meses después. Y tampoco fui capaz de acercarme por la zona de Plaza Cataluña donde se encontraban las oficinas hasta pasados los seis meses del día del colapso. 

Reconectar con las manos

Mi compañera y amiga argentina Isabel me sugirió conocer un estudio de cerámica en Poble Sec. Al poco tiempo me animé a probar. El primer día lo pasé llorando de emoción. Male, la profesora, me dijo que era normal. El olor a barro, crear con mis propias manos (¡sin teclado!) y sentir que tenía mucho que aprender me emocionó. Redescubrí en ese momento lo que me gustaba y disfrutaba crear con mis manos. Me conectó con mi infancia: amaba las manualidades.

La cerámica se convirtió en el eje troncal de mi nuevo entusiasmo, aprendizaje y ocupación diaria que, combinada con otras muchas terapias de cuidado, me permitió conectar con mi nuevo y único propósito: cuidar de mí.

Semanalmente tenía sesiones con Berta, mi psicóloga. Y con Guiomar, mi maestra en la práctica de respiración integral, una técnica que te ayuda a estar en contacto con el sentir y las emociones a través de la escucha activa y acompañamiento a la respiración.

En ese grupo conocí a Natalia, un ángel que se cruzó en mi vida. Una mujer con un pasado académico y laboral relacionado con las finanzas y que hace unos años dio un giro a su vida profesional: ahora combina las bodas con unos masajes maravillosos basados en un método natural llamado Sculptural Face Lifting (SFL). Su experiencia personal me resonó muchísimo, me inspiró.

Aprender por el puro gozo de aprender

Fue precisamente mientras recibía esos masajes cuando empecé a experimentar una transformación en mi interior. Algo hizo un clic en mí, conecté con la necesidad ferviente de seguir aprendiendo y decidí, sin pensarlo mucho, nutrir esa curiosidad con la técnica de esos masajes. Quería entender qué había detrás de ese increíble trabajo manual que transformaba mi rostro, mi mirada y me llevaba a semejante estado mental de pausa y relajación que no solo experimentaba en la camilla sino que se integraba en mí. 

Y allí que me fui a Praga a recibir la formación del método Sculptural Face Lifting. Me sentía Julia Roberts en Come, Reza, Ama… pero ¡pasando algo más de frío!

Madrugaba muchísimo para hacer turismo por una Praga nevada y silenciosa. Tomaba un delicioso desayuno en Nostress Bakery mientras leía El arte de la felicidad, de Dalai Lama. A las 9 am me unía a un grupo de 20 mujeres del este de Europa, todas vestidas con sus chaquetitas blancas como buenas profesionales del sector de la belleza. Después de la jornada de aprendizaje, me perdía por las calles de Praga hasta la hora de cenar: callejeaba, visité galerías y disfruté de un concierto de música clásica en la Spanish Synagogue.

Fue divertidísimo verme ahí, todo fruto de seguir mi intuición. Era la primera vez que tomaba decisiones únicamente con la intención de descubrir, aprender y disfrutar. Sin presión ni objetivos. Me sentía libre y feliz. 

No te rindas

Al terminar la formación, Yakov G. se acercó a mí y me dijo: “Arantxa no te rindas, no termines aquí tu experiencia. Tienes una energía especial”. Y me sonrió, mientras me daba una palmadita en la espalda. Reconozco que eso me confirmó algo que yo sentía durante la formación: me gustaba, se me daba bien y me sentía cómoda. Quería continuar practicando. 

Así que, al regresar a Madrid, me hice con lo básico y necesario para seguir con la práctica. Y busqué desesperadamente rostros para practicar con ellos de forma gratuita. Durante dos meses me dediqué a profundizar en la técnica y cuando me di cuenta de que aquello podría tener un recorrido, creé la marca, su identidad, un universo y un plan de marketing en toda regla. Nació The Healing Room. 

Mi nueva vida

The Healing Room es un espacio de autocuidado para mujeres y hombres, en el que ofrezco un tratamiento de belleza natural estético terapéutico durante setenta minutos basado en el método Sculptural Face Lifting, cuyo trabajo se focaliza en las zonas del escote, cuello, rostro y cráneo de los clientes, incluida la zona intrabucal.

El trabajo es 100% manual y consiste en tonificar, estirar y abrir la musculatura de dichas zonas consiguiendo espectaculares beneficios estéticos e interiores; de ahí el nombre de usuario en IG @facelifting _and_release.

El resultado son clientes más felices, con rostros rejuvenecidos y abiertos, piel luminosa y jugosa, cuerpos livianos y almas más liberadas. Pura transformación, de dentro hacia afuera.

The Healing Room es un lugar de bienestar, un espacio que defiende que lo realmente importante es lo que se esconde bajo nuestra piel. Cuidándonos por dentro, estaremos bien por fuera.

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Al fin, dueña de mi tiempo

Ser dueña de mi agenda y de mi tiempo me hace feliz. Manejar la carga de trabajo me hace feliz. Mi trabajo está conectado con mi propósito: esa coherencia me hace muy feliz. Seguir aprendiendo sobre el maravilloso mundo del cuerpo y la mente humana, me hace feliz. Pensar que lo que estoy haciendo llegará a ser lo que yo quiera que sea, me hace feliz. 

Sigo cuidándome y trabajándome con distintas terapias. Estas herramientas permiten conocerme y me llevan a mi centro. Los miedos siguen aflorando cual espejos de mis heridas. Y gracias a ese trabajo, puedo poner una mirada distinta y reducir el nivel de sufrimiento. Intento vivir lo más consciente posible y no dejarme arrastrar por el automático.

Ojalá esta historia personal inspire y ayude a otras personas, como otras historias lo hicieron conmigo.

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