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La felicidad se construye a través de distintos pilares./ Imagen: Pexels.

Mente

Las siete lecciones de Fernando Trías de Bes para ser feliz y tener una vida plena

Su nuevo libro, Siete cuentos para toda una vida, describe a través de fábulas los aprendizajes esenciales en cada etapa de la vida. Inspírate en ellas, trabajar sus enseñanzas te marcará claro el camino.

Por Sara Trueba Rodríguez

14 de noviembre de 2023 / 13:14

No tenemos certezas. Si las tuviéramos el concepto de libertad no tendría sentido, sin embargo, sí sabemos que todos los seres humanos comparten una serie de valores esenciales que se potencian más en ciertas etapas de la vida. ¿Por qué es importante trabajar el desapego cuando llegamos a la vejez y la aceptación? ¿Es la creatividad un talento innato o sólo la desarrollan unos pocos? ¿Hasta qué punto el amor más pleno es el que se experimenta en la madurez? Sobre esto escribe el escritor y economista Fernando Trías De Bes en Siete cuentos para toda una vida (Ed. Diana), una obra compuesta por siete fábulas en las que se tratan los valores más importantes del ser humano.

«Con estos cuentos busco inspirar, sacar a la persona de su contexto o de la mirada que tiene sobre las cosas y abrirle ventanas», señala el autor. Hablamos con él sobre estos valores y nos preguntamos: ¿trabajarlos en profundidad nos acercará a la felicidad? «Yo no creo tanto en la felicidad como en la paz interior. Ésta se consigue con algo tan sencillo como tener alineado lo que sientes, lo que piensas, lo que dices y lo que haces. Si siento una cosa pero pienso otra, algo falla; si digo y pienso una cosa, pero hago otra, es imposible estar en paz. La paz aporta estabilidad y mantener esa sensación es mi idea de lo que significa ser feliz».

Fernando Trías de Bes./ Imagen: D.R.

La búsqueda de propósito

A través de su primer cuento, La pequeña Luz, Trías de Bes habla de la necesidad de buscar un propósito en la vida y de cómo cada ser humano de manera individual debe buscar el suyo propio. En el cuento se explica cómo el propósito ya viene con nosotros desde el nacimiento, nuestra tarea será encontrarlo. «Podemos pasarnos la vida sin entender cómo o dónde desarrollarlo, sin saber cómo aplicarlo o sacarle jugo, pero sabemos cuál es. Tú sabes lo que te motiva, lo que te interesa y conmueve… Hacia ahí hay que dirigirse siempre para encontrar tu propósito, lo que tiene sentido para ti».

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Efectivamente, una cosa es conocer el propósito y otra conseguirlo. «Yo quería ser artista, músico, escritor… Los avatares de la vida me llevaron a ser economista, pero he dedicado una parte muy grande de mi tiempo al arte», asegura. El autor reconoce que el entorno es determinante en la consecución de ese  propósito, pero aun con todo, él insiste en que al final, cada uno pone los pies donde está su propósito. «El entorno limita o ayuda, es el medio en el que el ser humano se desenvuelve, con barreras o con trampolines, pero ahí estamos nosotros. Nuestro trabajo, perseverancia e ilusión nos ayudarán a remar a favor. Siempre», afirma.

La importancia de la creatividad

El segundo cuento, Un viaje distinto, ahonda en la niñez como el periodo de la vida en el que más se estimula y pone en marcha la red de conexiones neuronales. Esa capacidad de conectar surge en esta etapa, la más creativa de todas. «La creatividad aplicada a las ciencias o a las artes precisan aprendizaje para saber qué conectas, pero de manera innata la creatividad comienza en la niñez».

De hecho, la creatividad es fundamental a lo largo de toda nuestra vida. «Hace que cualquier disciplina aburrida sea divertida. Como economista, por ejemplo, con creatividad puedo pasarlo bien con modelos multivariantes estadísticos. El ser humano necesita transformar su realidad para autorrealizarse. Lo decía Erich Fromm, el amor y la creatividad pueden transformar nuestro entorno«, declara Trías de Bes.

Así, en la edad adulta podemos mantener altas cotas de creatividad en la medida en la que tenemos una mirada inocente, que no cándida. La mente que no prejuzga (como la de los niños) es más creativa y abre un campo de posibilidades. Al contrario, la razón que nos impide ser más creativos es el miedo. «Uno de los principales inhibidores de la creatividad es el miedo: al error, a no ser aceptado, al rechazo social y de nuestras ideas, a ser diferentes…», añade.

Siete cuentos para toda una vida, de Fernando Trías de Bes (ed. Diana).

Encontrar tu propia identidad

El tigre con antenas y trompa gris que podía volar es el título de la tercera fábula en la que el autor trata cuestiones como la búsqueda de identidad. Aunque cada siete años aproximadamente el ser humano se pregunta si está donde quiere (en cualquier aspecto de su realidad) o si ha logrado acercarse a lo que quería ser, el autor relaciona directamente la adolescencia con la etapa vital en la que nos hacemos preguntas sobre nuestra identidad. Y establece unas premisas claves:

  • La persona que se pregunta «¿Quién soy? ¿Quién quiero ser?» de manera sana tiene más posibilidades de tener una vida feliz. 
  • Para encontrar respuestas hay que escucharse y reconocer lo que a uno le hace feliz y lo que no. El gran impedimento en la búsqueda de la identidad son los prejuicios, la presión social, los patrones familiares. Hay que ser valiente y defender lo que a uno le autorrealice ante toda crítica ajena.
  • El adolescente en busca de respuestas debe encontrar en sus padres protección, pero sin que el niño se sienta fiscalizado, hay que dejarle espacio.
  • Todo adolescente debe practicar momentos de soledad, sin tecnología. Hay que preservar un espacio para sentir y para hacer introspección. El problema no es la red social o la tecnología si no la ausencia de desconexió. Es importante buscar conexión interior.

Tomar decisiones y arriesgar construye

El cuarto cuento habla de liderazgo, el riesgo, la toma de decisiones, la valentía, el sacrificio, el amor a los demás… ¿Por qué saltan los delfines? es una fábula que enmarca el riesgo como una percepción humana subjetiva. «El riesgo existe y es un término humano que da sentido a muchas de las cosas que hacemos. Si supiéramos lo que va a pasar en el futuro la libertad humana no tendría sentido…»

Nos han convencido de que asumir riesgos es peligroso porque nos saca de donde estamos sin saber si vamos a salir airosos, de ahí que la idea del riesgo suela venir acompañada de incertidumbre. «Mi punto de vista parte de abrazar el riesgo, no por ser unos kamikazes, sino por entender que el riesgo forma parte de nuestra libertad. Juan sin miedo no era valiente, era inconsciente. Ese es uno de los aprendizajes del cuento: algunas decisiones salen bien, otras regular, pero eso es la vida, construir y aprender sin dejar de arriesgarse». 

El amor a uno mismo no es egoísmo

Aunque durante mucho tiempo se han empeñado en hacernos creer que la expresión máxima del amor se produce sólo cuando nos entregamos a los demás, Fernando Trías De Bes desvela la importancia del amor propio y el autocuidado y establece como esencial algo tan aparentemente sencillo como poner límites.

No es baladí que la protagonista de su cuento sobre el amor sea una mujer. Así, en La mujer más buena del mundo, el autor apunta a la madurez como la edad en la que las personas, con todo lo aprendido, son más capaces de amar. «El gran reto de la madurez es dibujar la línea que limita hasta dónde amo a los demás y hasta dónde me amo yo. Esa línea debe ser sostenible, justa y compasiva».

«El amor bien entendido empieza por uno mismo y es el primer paso para poder amar a los demás». Una vez aprendido esto, el escritor apunta dos claves del amor maduro:

  1. Autoconocimiento: saber lo que tú necesitas y expresárselo al otro.
  2. Conocimiento ajeno: saber lo que el otro necesita y dárselo.

Desapego y aceptación

La unión de las dos últimas fábulas (La maldita varita mágica y Las listas) responde a la necesidad de que ambos conceptos vayan unidos. Cuanto antes comprendamos la importancia capital de lo que significa el desapego y la aceptación, más capacidad tendremos para vivir satisfechos y menos reactivos ante el fracaso o el cambio. El autor enmarca el desapego en la vejez; la aceptación, en la etapa de la muerte. Sin embargo, dicha simbología sirve también en cualquier otro periodo vital.

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El desapego implica pensar menos en las cosas. «Esto se hace más evidente cuando nos hacemos mayores porque ya no podemos hacer tantas ni las mismas cosas que en la juventud, pero es bueno entender, en cualquier edad, que aquello que no puedo mantener tengo que dejarlo y buscar otro foco. Con el desapego aceptas que las cosas cambian y eso no es una derrota. Puedo frustrarme por ello o resituar mis objetivos. Si acepto y abandono aquello que ya no puedo hacer, gano espacio para otras oportunidades que sí podré conseguir».

Así, la aceptación es también un signo de fortaleza y un modo de acabar con el sufrimiento porque, «una derrota molesta por el esfuerzo invertido, pero no supone un menoscabo al autoconcepto. Cuanto antes asuma esa derrota, antes termina el sufrimiento».

Además, nada tiene que ver aceptación con resignación. «Eso es un error. Aceptar es encajar bien los resultados de mis acciones hasta donde han llegado, es el reconocimiento de que lo obtenido responde a lo invertido. Aceptar lo que viene no significa que me resigne, tiene que ver con enfocar bien la ficha de la expectativa con la de la realidad. Las pones juntas las aceptas y las encajas, y sobre esa realidad construyes», concluye.

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